1.BRASIL: FUERTE DERROTA DE LA DEMOCRACIA
Ayer, 28 de octubre, el pueblo brasileño (más de cien millones de electores) eligió Presidente de la República al candidato más reaccionario conocido en la historia actual de América Latina.
Archivo periodístico 2005–2019
1.BRASIL: FUERTE DERROTA DE LA DEMOCRACIA
Ayer, 28 de octubre, el pueblo brasileño (más de cien millones de electores) eligió Presidente de la República al candidato más reaccionario conocido en la historia actual de América Latina.

El país se pregunta qué podrá esperar del gobierno de Jair Bolsonaro, electo presidente la noche del domingo. Sólo una cosa es cierta: nada bueno puede salir de las manos de ese esperpento.

El 21 de octubre de 2018 en el diario El Mercurio un personaje llamado Daniel Mansuy, que es conocido en las grandes ligas de la cota mil de Santiago como un intelectual conservador que imparte clases en la Universidad del Desarrollo, publicó una columna titulada “La derrota del Contralor”, en donde arremete con inusitada dureza en contra del titular de la Contraloría General de la República porque una sala de la Corte de Apelaciones de Santiago le dio la razón a la ex subcontralora Dorothy Pérez, con motivo de la controversia de conocimiento público que mantienen ambos porque el primero le pidió a la segunda la renuncia a su cargo.
Digo UNA REVOLUCIÓN porque ya pasó la época en que se hablaba de LA REVOLUCIÓN. Esa que cambiaría el mundo, que terminaría con la explotación del hombre por el hombre, construiría una sociedad sin clases donde todos le entregaríamos nuestras capacidades y recibiríamos de ella según nuestras necesidades. Aquella en la que no habría esclavos ni hambrientos y que sería el paraíso de toda la humanidad.
Preocupa la exaltada alegría de algunos políticos chilenos ante el triunfo del neofascista Jair Bolsonaro en Brasil (descendiente de inmigrantes italianos), pues este recién electo mandatario ha prometido entre otras barbaridades (retirar a Brasil de la ONU es una de ellas), cuestiones tan antidemocráticas como las siguientes:

El liberalismo capitalista ha tenido y tiene diferentes formas y métodos de dominación y representación. Aun cuando apunta a un mismo y contínuo fin, que es el beneficio económico de las grandes corporaciones, sus mecanismos de control social han sido variados. Desde la democracia representativa a las dictaduras militares y a la fuerza imperial. Entre ellos, hay matices líquidos que generalmente han sido útiles para enmascarar sistemas políticos autoritarios bajo el cuerpo institucional y formal de una democracia. Hoy, en el siglo XXI, que millones de ciudadanos voten en forma regular por los representantes de una elite, que es una extensión del poder económico, no garantiza que los electores puedan expresar su real voluntad. Esta es la escena sobre la que hemos descansado nuestros cuerpos y también deseos, durante los últimos siglos.
Basta dar una rápida ojeada a las noticias de cada día para percatarse que la atención de autoridades y de la prensa siempre se centra en acontecimientos ocurridos en las grandes metrópolis, o en las ciudades capitales de regiones, allí donde explotan casos escandalosos como los de PENTA, CAVAL, SQM y otros de similar tamaño. Ello es comprensible, ya que la mayor parte de la población (y del electorado) se concentra en esas ciudades, en las grandes, en las poderosas.
Durante el siglo pasado, en muchas regiones del mundo se lograron notables progresos en el control de la mortalidad infantil, mejoras en la alimentación, la atención sanitaria básica y el control de muchas enfermedades infecciosas. Esta composición de elementos dio como resultado un número y proporción cada vez mayor de personas que llegan a etapas avanzadas de la vida. En nuestro país la esperanza de vida Chile alcanza los 80,5 años, la más alta de Latinoamérica, expectativa que se empina, en el caso las mujeres, a los 83 años y a los 79 años en los hombres, según el último informe de la OMS.
Entre 1933 y 1973, la teoría marxista cayó en una grave crisis existencial. En ese período, las predicciones de Marx y Engels, se dejaron de cumplir. Los pobres se olvidaron de la teoría marxista y de su revolución y apoyaron el progreso evolutivo y democrático que ofrecía la Socialdemocracia.
Las elecciones brasileñas muestran una enorme diferencia de comportamientos entre varones y mujeres, tan amplia y profunda como pocas veces se registra en nuestras sociedades. Según la primera encuesta de Datafolha luego de la primera vuelta, existe un empate técnico
entre las preferencias femeninas: 42 por ciento apoyaban a Jair Bolsonaro y 39 por ciento a Fernando Haddad, cuando el primero tiene casi 20 puntos de diferencia (goo.gl/B769dj).