Los que critican el asilo sostienen básicamente:
El asilo se da a una persona que mató a Jaime Guzmán siendo ya Senador de un Chile que vivía en democracia y, además, se otorga desconociendo el Estado de Derecho del país.
Archivo periodístico 2005–2019
Los que critican el asilo sostienen básicamente:
El asilo se da a una persona que mató a Jaime Guzmán siendo ya Senador de un Chile que vivía en democracia y, además, se otorga desconociendo el Estado de Derecho del país.

Este martes 6 de noviembre se realizarán las elecciones al congreso de los Estados Unidos. Es altamente probable que el Presidente Trump obtenga una débil victoria en el Senado y una contundente derrota en la Cámara de Diputados.

La humanidad es gobernada por los empresarios. Son dueños de la naturaleza, las máquinas, el dinero, los medios para producir ideología masiva. Conducen al colapso de la vida humana y de todas las especies; por lucro ordenan ir hacia una situación insostenible.
Piñera, Bolsonaro y Macri, trillizos de míster Trump, se aprontan a consumar sus antojos políticos. Ganaron las elecciones gracias a los borregos y no desean defraudar a papá Trump. Coincidencia que supera la imaginación de cualquier escritor, se apode Julio Verne o del autor anónimo de “Las mil y una noches”.

La victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, el pasado domingo 28 de octubre, abre un nuevo escenario político para la ultraderecha en América Latina. Con un triunfo de 56% por sobre el 44% del candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, Bolsonaro –a nuestro juicio- aparece en el panorama político brasileño como una "personalidad salvífica", que barrerá con la corrupción de los gobiernos anteriores del PT. "Cambiaremos el destino de Brasil juntos", dijo el nuevo presidente electo que asumirá el cargo el próximo mes de enero. Acto seguido, en un tono marcial, señaló: "No podemos seguir coqueteando con el socialismo, el comunismo, el populismo de izquierda".

La historia no se repite, pero condiciona el presente, para bien, o para mal. Hay quienes, también, intentan reescribir la historia, algunos han decretado su fin y hay otros que la falsean, la ritualizan y la mitifican. En esta última categoría podemos ordenar la historia de Chile de las últimas décadas, que ha usado el golpe militar y la dictadura como acto refundacional del estado y del modelo económico.

Para que un fascista gane la presidencia de un país se necesitan millones de fascistas que en tiempos de democracia acaben con la misma dándole su voto a un extremista de derecha. Porque una cosa es una dictadura sangrienta y otra es que millones de personas por su propia voluntad voten por un fascista y lo hagan presidente.
En una ocasión, conversando con un hombre alzado sobre los 80, me alcanzó una impresión. Una imagen a la que se suponía debí llegar solo a través de la propia experiencia, de esas vivencias que nos dan perspectiva.
Las Fuerzas Armadas de Chile son las mismas de siempre. Un ejército que asesinó siempre a su pueblo por pedido expreso de la clase dominante para salvar el alma de la patria y los sagrados intereses.

Más allá de su contundente victoria electoral, es evidente que Jair Bolsonaro no representa un proyecto político claramente definido ni un movimiento o partido de raigambre popular con objetivos políticos o programáticos definidos públicamente. Como su misma campaña lo advirtió, votar por él era hacerlo contra del Partido de los Trabajadores, la corrupción generalizada de las autoridades y los altos e inquietantes índices de criminalidad. Tampoco en lo personal al ahora presidente Electo se le reconoce cualidades de conductor o líder espiritual, cuando el mismo ha dicho que va a invitar a algunos conocidos economistas para que le hagan la tarea que, dice, no sabe hacer.