En Argentina, ya en el gobierno, los ‘guerreros’ del neoliberalismo atacarán sin vacilar muchos programas que alienten un cierto estado de bienestar social. Venezuela es la próxima estación y Chile sigue en la mira.
Quizá, el título que encabeza esta nota cojee levemente, ya que si bien la función estelarizada por los defensores a ultranza del sistema neoliberal terminó siéndole favorable en Argentina y Venezuela, resta aún la presentación que deberán poner en escena el próximo año en Chile.
Mientras pasan los años y se suceden sentencias como las del Tribunal Constitucional no va quedando más remedio que valorar lo que el senador PPD Jaime Quintana propició hace algunos años. Esto es, aplicarle una retroexcavadora al régimen institucional chileno que, después de 26 años, mantiene vigente la Constitución y el modelo económico de la Dictadura con todos los estragos que éstos causan en las inequidades e iniquidades de nuestra realidad nacional. 
El populismo es una ideología que trata de mejorar el estándar de vida de las grandes masas populares mediante una distribución más equitativa e igualitaria de la nueva riqueza que se crea. A diferencia del socialismo marxista, el populismo trata de evitar la expropiación sin compensación de los medios de producción en manos de la clase capitalista. Por lo tanto, el modo de producción sigue siendo capitalista, ya que la tierra y la enorme mayoría de las fábricas y negocios, medianos y pequeños, siguen en manos de la burguesía tanto nacional como extranjera.
El 22 de noviembre de 2015, Mauricio Macri derrotó a Daniel Scioli en la elección presidencial argentina más o menos con escaso margen, apenas por menos de tres puntos de porcentaje. La mayoría de los analistas le llamaron a esto un triunfo de la derecha sobre la izquierda. Esto no es falso, pero sería demasiado simple. De hecho, la elección reflejó los muy complejos desarrollos que ocurren por toda América Latina en los tiempos que corren. Leer mal lo que está ocurriendo puede conducir a errores políticos importantes en la década venidera.
El triunfo del candidato Mauricio Macri de la alianza derechista Cambiemos, en Argentina, se presenta como una profecía autocumplida al confirmar los augurios sobre un fin del ciclo progresista en la región y el ingreso en una fase de repliegues y confusiones. Macri, un neoliberal desembozado, es muy probable que ponga en marcha a partir del 10 de diciembre un programa económico cercano a los postulados del FMI y de los intereses de las finanzas globalizadas. Sus primeras declaraciones, aún ambiguas, engarzadas con sus promesas de campaña, apuntan a un desmantelamiento del modelo, más estatista e inclusivo, del finalizado ciclo kirchnerista.
Desde hace algunos meses se desarrolla en los principales diarios chilenos una campaña sostenida para criticar y socavar algunos de los componentes éticos de la llamada Ley Ricarte Soto, y en contra de los cuales se dice en términos apocalípticos que acabaran con la investigación biomédica en Chile. En esta campaña alarmista y de desprestigio, y en la cual participan científicos, eticistas, facultades de medicina, entidades farmacéuticas con fines de lucro, y extrañamente algunas sociedades científicas, en ningún momento se describe cual es el tipo de investigación que se verá regulada, y tal vez adecuadamente limitada, por los importantes, y a nuestro juicio apropiados componente éticos de esta ley. Al leer los titulares de los diarios el lector lego puede pensar que esta ley afecta a toda la investigación biomédica en Chile, tal vez como si se hubiese terminado la CONICYT o se cerraran todos los departamentos de ciencias de las principales universidades del país.
En la edición del miércoles 09/12/15 del diario El Mercurio se publicó la nota “Contraloría rechaza exigencias ambientales de Santiago para impedir demolición de edificio”, con epígrafe “Según el abogado que representa a la Inmobiliaria Morandé 2010, Gustavo Parraguez, no queda más que demoler”.
La Casta Política chilena se está repartiendo por partes iguales la impunidad respecto a sus actos de corrupción. El ciudadano observa como a Jovino Novoa, delincuente de montos millonarios, no le pasa nada y a un vendedor de frutillas o una vendedora de jugos de naranja le cae la policía encima con todos sus medios. Pero no van a quedar impunes.