
Empiezo por decir que el fútbol no es algo que me interese mayormente. Pero debo admitir que en esto soy parte de una minoría, incluso en los tiempos más inesperados. Existe esta historia del temprano exilio chileno en Edmonton—que no sé si es real o leyenda urbana—según la cual un muy buen amigo mío, en una de esas tantas asambleas de esos años, fue abordado por un compatriota que en voz baja—como si todavía estuviera en la clandestinidad—le ofrecía vender el más reciente ejemplar de un periódico editado en Chile clandestinamente por una de las organizaciones de la resistencia. Mi amigo, que tenía lo que admito podría considerarse un sentido un tanto retorcido del humor, pero nunca mal intencionado, habría respondido: “¿Y trae los resultados del fútbol? Porque a mí es lo único que me interesa de Chile”.





Senador Ossandón: Usted dice que ha llegado la hora de la verdad. Vocifera a los cuatro vientos que quienes están involucrados en actos de corrupción deben dar la cara y los que no la den, van a empezar a caer.
Decía el gran poeta francés André Bretón que un tonto es peor que un perverso pues este último se puede apiadar de ti y el otro lo es las 24 horas del día. El general Perón señalaba que la nobleza de los propósitos del movimiento justicialista había hecho a gente mala hacerse buena pero que ningún gil había dejado de serlo; en eso no se anotaban ni una sola victoria.
Los Derechos Humanos, es una problemática filosófica, religiosa, política y social que ha sido una preocupación desde tiempos remotos en el devenir histórico de la Humanidad. El exilio chileno, desde Septiembre de 1977, con la creación de la Fundación Cesal e.V. Berlín y el CODEH-CODES Berlín, en la República Democrática Alemana, estamos exigiendo verdad, justicia y reparación digna para las víctimas del terrorismo de Estado chileno.