Con un solo tiro la senadora magallánica resolvió dos problemas que la apremiaban desde el sábado 29 de julio. Por un lado, con su decisión de confirmar su aspiración presidencial desarticuló todo cuestionamiento respecto a su liderazgo como jefa del Partido Demócrata Cristiano, tomándose a pecho las facultadas propias del cargo, al descartar la repostulación de Ricardo Rincón a la Cámara; y por otro, de una vez por todas asumió su candidatura, la que a partir de ahora, asegura, planteará desde la ciudadanía y el apoyo de sus alcaldes. Con ambos gestos, Carolina Goic demostró no estar dispuesta a cargar con la responsabilidad de descarrilar a la DC –dejándola sin opción de regresar a La Moneda y sumida en una estampida en clave de debacle–, ni tampoco ponerse al alcance de quienes querían su cabeza como trofeo.
En los últimos días la candidatura tambaleante de la DC a la Presidencia se afirmó. Seguirá y seguirá tambaleándose. El problema de la DC chilena, multicausal, no se llama o se llamaba Rincón. Se llama hoy Merkel. Y oportunismo. Y zigzagueo. Y síntomas de corrupción. Y carúnculas. Mañana se llamará de otra manera. Son varios y diversos los pisos que se recorren cuando uno se precipita de la altura a la tierra.
La migración forzada es una tragedia que parte en dos a las familias que la viven. Es una pérdida total, una pérdida irreparable, porque no hay remesa que logre llenar el vacío de la ausencia, y no hay para quien migra, sosiego alguno; la añoranza es una herida abierta que sangra constantemente en el infortunio de ser extranjero y explotado, estar lejos de lo que más se ama. No hay reparo para el alma de quienes son golpeados por esta vejación, producto de sistemas fallidos, corrompidos y opresores.
Conocer los criterios que maneja la potencia emergente sobre América Latina, y en particular sobre Venezuela, es sumamente importante ya que raramente sus medios de comunicación dejan entrever las opiniones que circulan en el gobierno chino. El 1º de agosto el periódico chino Global Times publicó un extenso artículo editorial titulado
La recolonización de Latinoamérica al parecer está de vuelta. Cuando muchos politólogos y especialistas en relaciones internacionales cantaban loas a un supuestamente “nuevo” orden mundial, surgido tras la desaparición del campo socialista, resulta que los noventa y lo que va del siglo XXI, están mostrando lo contrario. Hoy más que nunca estamos en guerras diversas, pero ahora, con los motivos a la vista estimado lector y lectora: interés geopolítico y económico.
El día Domingo, todo el día seguí de cerca las elecciones en Venezuela. Fue impresionante la masiva concurrencia en todos los centros de votación. Por supuesto que tuve que recurrir a canales internacionales independientes, fundamentalmente Telesur, toda vez que los medios nacionales sólo se remitían a colocar en el trasfondo de las noticias una moto en llamas para así naturalizar un generalizado estado de violencia, y que para variar achacaban al gobierno de Maduro..
Leo con asombro la insólita declaración del gobierno chileno sobre el proceso electoral del domingo recién pasado en Venezuela: “Nos causa profunda decepción que el gobierno de Venezuela haya celebrado las elecciones a la Asamblea Constituyente”. Es decir están decepcionados y consternados porque en el país caribeño se hayan realizado elecciones. 
Han quedado disipadas toda las posibles dudas que alguien pudo tener. La respuesta ha sido clara, contundente. En Venezuela, tras los comicios electorales de este domingo, sin duda una dura batalla, ha triunfado el pueblo, sus enemigos han sido derrotados. Triunfó el sentido popular y democrático del proceso bolivariano y perdieron los sectores golpistas de ese país manejados desde la Casa Blanca y la CIA.
El cínico consejo de la mentira que se refleja en esta columna se le atribuye a Josef Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nazi en Alemania, pero en rigor en otro contexto le pertenece a Voltaire y lo recordamos con motivo de los comportamientos que han tenido todas las autoridades sectoriales de la Administración del Estado como los actores privados de la construcción, partiendo por la influyente Cámara Chilena de la Construcción (CCHC).