Leyendo la prensa española se llega a la conclusión de que el mayor problema que existe en EEUU es Donald Trump, una figura que se ridiculiza constantemente en los principales medios de información (como ocurre también en EEUU) presentándolo como un individuo incompetente, y fácilmente ridiculizable por sus comportamientos atípicos dentro de lo que se considera aceptable en la sabiduría convencional del país. Este énfasis exclusivo en Trump obstaculiza, sin embargo, la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Por extraño que parezca, el mayor problema que tiene EEUU no es Trump, sino el hecho de que la mayoría de un sector grande de la población muy olvidado en dicho país, la clase trabajadora blanca, le ha votado y que es probable que le vote de nuevo. Las encuestas muestran una impresionante lealtad electoral a tal figura por parte de aquellos que emitieron su voto a favor suyo. Aunque su popularidad entre la población en general es muy limitada, no lo es entre la mayoría de la población que le votó. Y no está claro que en las próximas elecciones al Congreso de EEUU (este noviembre) el Partido Republicano vaya a perder el control de la Cámara Baja o incluso del Senado, eliminando con ello la posibilidad de ser apartado de la Presidencia mediante un impeachment. Parece, por lo tanto, que va a haber Trump para mucho tiempo. Y su impacto en la sociedad estadounidense y en las relaciones internacionales está siendo enorme.
Un millón ciento veinte mil inmigrantes se han convertido en una banderilla que escuece el racismo y chovinismo que padecen muchos chilenos por la brutal ignorancia en que los ha sumido el sistema. Aquellos que reaccionan ante la inmigración en una forma que nos avergüenza -al explotar su trabajo con salarios viles, esquilmarlos con el alquiler de viviendas miserables o humillarlos por el color de su piel-, ignoran que, en cambio, la migración chilena recibe un trato digno en los países donde viven, trabajan y educan a sus hijos.
Hace unos sesenta años atrás un primo menor, muy querido y hoy fallecido, me apodó un buen tiempo con el sobrenombre de Chocolo.
Si Mauricio Macri pretendió desviar la atención sobre la grave crisis que atraviesa Argentina, hoy con el dólar a $27, sumado a la comprobación de que al rescate por parte de FMI será escalonado, y que el gobierno de ese país no sólo recibirá no el monto total, sino varias cuotas, sujetas a la evaluación permanente de los expertos, con el agravante de que el Banco Central no podrá seguir interviniendo con venta de dólares para evitar la devaluación del peso, Macri lo logró plenamente al permitir que el Congreso discutiera la ley de legalización del aborto.
La crítica travesía del buque humanitario
Tenía 16 años cuando escuché por primera vez hablar de Ernesto “Che” Guevara, yo estudiaba magisterio de Educación Física y el R, que me doblaba la edad, egresado de la misma escuela, trabajaba en la Dirección General de Educación Física, que quedaba a un costado de la escuela, éramos amigos, éramos amigos porque yo no aceptaba ser su novia, pero él siempre estaba ahí, como pretendiente de planta, me acompañaba por las tardes a la parada de autobús en la 4ta. Avenida y 18 calle de la zona 1, en la capital guatemalteca. Nos íbamos desde la 12 avenida, por toda la 18 calle y él aprovechaba para hablarme de guerrillas, trova y revoluciones.
Tan trágico como el paco cobarde que dispara a un hombre desarmado que maneja un auto, es que haya gente y no poca, que justifica ese actuar.