A menudo se habla de crisis como si fuera algo que practican personas con costumbres exóticas en países remotos. O lo que sufren adolescentes transitivos y no procesos de incertidumbre paulatina que vienen experimentando instituciones y personas en nuestro país.
La llamada “libertad de expresión”, fundamentada en el libre mercado y la propiedad privada de los medios, constituye una de las más grandes rapacerías del capitalismo occidental. Recordando un poco su historia, el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reza:
No es posible separar las revueltas en Oriente Medio y el Norte de Africa y la incursión armada de la OTAN en Libia con la evolución que siguen los precios del petróleo.
Escribe Fidel: “Si Gaddafi hace honor a las tradiciones de su pueblo y decide combatir, como ha prometido, hasta el último aliento junto a los libios que están enfrentando los peores bombardeos que jamás sufrió un país, hundirá en el fango de la ignominia a la OTAN y sus criminales proyectos.
El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera, se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada clase política y de la clase criminal, que ha roto sus códigos de honor.
Las
Fuertes explosiones se dejaron sentir en Trípoli luego del paso de aviones aliados sobre la capital libia.
Escribo estas líneas, a solo un día de haber estado en el Centro Penitenciario de Angol, compartiendo por más de tres horas con los comuneros mapuche Héctor Llaitul, Ramón Llaiquileo, José Huenuche y Jonathan Huillical, quienes permanecen en huelga de hambre desde el 15 de Marzo de 2011, una semana antes del aberrante fallo donde todos ellos fueron condenados a penas de 20 y 25 años por el Tribunal Oral de Cañete.
Hasta que la economía chilena sintió los golpes de la crisis mundial y el terrible terremoto, se decía que era el niño “decente” del barrio latinoamericano, al que envidiaban sus vecinos y él los menospreciaba cordialmente.