En un país dominado políticamente por las ideas de derecha, las demandas sociales son descalificadas o consideradas imposibles por quienes están instalados en el Gobierno y en el Parlamento pese a sus bajísimos niveles de respaldo popular.
Archivo periodístico 2005–2019
En un país dominado políticamente por las ideas de derecha, las demandas sociales son descalificadas o consideradas imposibles por quienes están instalados en el Gobierno y en el Parlamento pese a sus bajísimos niveles de respaldo popular.
Leo los periódicos del domingo… y se me escapa la carcajada dominguera: “Un promedio de cuatro horas viene durmiendo en las últimas semanas el alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett”
La maraña de negocios de los capitalistas ha terminado en un nudo en Europa y Estados Unidos, en cualquier dirección que tomen se asfixian. Como no hay una fuerza organizada que los enfrente es su momento para cortar el nudo cambiando las reglas sin que deban explicar mucho porque sus medios ocultan o no critican sus actos.
La economía neoliberal ha sido también discurso. Su instalación, expansión y dominio se ha basado en el lenguaje, que ha penetrado desde el habla política, social, hasta doméstica. El mercado deificado desde los púlpitos empresariales y financieros decantó durante décadas hasta inundar las transacciones comerciales desde las bolsas de valores a los mercados persas, desde las peluquerías a los burdeles. El libre mercado, levantado cual paradigma de la misma naturaleza, de las potencialidades humanas y divinas, ha moldeado ya a varias generaciones y condicionado sus relaciones sociales.
El domingo 7 de agosto pasado los electores de Las Condes que fueron a expresar su parecer en las urnas respecto de un denominado Plan Maestro para remodelar el Parque Los Dominicos, donado a esa municipalidad en 1962 por la familia del recordado obispo Sergio Valech, por paliza, rechazaron ese intento depredador.
Ya se abren las grandes Alamedas…Ya caminan por ellas el hombre nuevo. Ya empieza a cumplirse el mandato de Salvador Allende. Cada vez más fuerte y cada vez con mas entereza se oyen voces que reclaman construir la patria que tantos hemos soñado, que tanto necesitamos y que podemos conseguir. Qué bello florecer del centenario paseo con la voz y el canto de hombres y mujeres, de aquellos a los no arredra la crueldad y son capaces de despojase de lo propio por interés del valor humano.
Hace pocos meses, el planteamiento de que en Chile existía una crisis de representación – a la que se puede agregar la de legitimidad y la de credibilidad -, era sólo idea de “un grupo de izquierda”, marginado del sistema monopólico –Alianza-Concertación-. En la actualidad, este diagnóstico es compartido por la mayoría de los chilenos, incluso por aquellos concertacionistas que, durante sus veinte años de gobierno, no hicieron otra cosa que servir al neoliberalismo.
Así denominaba el gran R. Matta aquello que iba más allá de los hechos medibles físicamente, o físicamente conformados. Es decir, lo que pudiera llamarse hoy “relato” o la metafísica del poder.
Increíble, pero cierto. Ante el evidente descrédito de Carabineros a raíz del actuar abusivo de sus efectivos en contra de la población civil, del que hemos sido testigos en las recientes protestas estudiantiles y sociales, el General de esta institución, Sr. Aquiles Blu, sostuvo el 11 de agosto en entrevista en radio ADN: “Los carabineros son los buenos; los malos son los que provocan los desórdenes”.
Piñera pasó a la ofensiva mediática y propagandística.”No hay nada gratuito”, “alguien tiene que pagar”. Es el mantra obsesivo que repite el multimillonario Presidente. La lógica, y la Razón histórica y crítica le responden que la educación pública y de calidad la paguen los ricos. Los viejos ricos de siempre. Los que se adueñaron de las gallinas de los huevos de oro. La clase que se apropió de la riqueza social manu militari y con manejos fraudulentos desde el día siguiente del 11 de septiembre del 73. Fueron ellos quienes instalaron en toda impunidad un sistema que pervirtió lo que eran bienes públicos y colectivos en bienes privados y mercancías transables en el mercado.