El conocido lingüista francés Claude Hagège afirma sin pestañear que la elección del idioma, de sus reglas y particularidades no es algo neutro. “Imponer su lengua es imponer su pensamiento”, dice, antes de agregar que “Sólo la gente mal informada piensa que una lengua sirve sólo para comunicar. Una lengua constituye también un modo de pensar, una forma de ver el mundo, una cultura”.
El inglés David Hume, clasificó en tres las leyes de la asociación de ideas. La primera es la de la semejanza; la segunda, es la contigüidad espacio-temporal y la tercera es la relación causa-efecto. Aceptando esta clasificación, quiero situarme en el campo de la memoria como espacio del imaginario colectivo, construido a través de la “percepción” de lo ocurrido, porque forma el aparato conceptual de la mente.
Los resultados del Simce Tecnológico, dados a conocer la semana pasada, resultan elocuentes del estado lamentable en que se encuentra la educación chilena y delatan la llamada “Brecha Digital”. Lo primero que habría que decir es que este concepto es nuevo y viejo al mismo tiempo: La “Brecha Digital” es una más de las muchas que hemos conocido en nuestra historia, brechas económicas, sociales, científicas y tecnológicas. Las brechas, en definitiva, son el síntoma inequívoco de una falta de desarrollo y, peor todavía, una carencia grave de equidad y justicia social en el seno de una sociedad.
Además de formar profesionales y cumplir una importante tarea en la investigación, las universidades deben estar atentas y comprometidas con el progreso integral del país, aportando conocimientos y sentido ético a las grandes directrices políticas. En el pasado, buena parte de los lineamientos estratégicos de Chile tenían fundamento en las propuestas de su comunidad científica e intelectual y, por cierto, en el vigor de un estudiantado comprometido con las grandes demandas de nuestra población. El desarrollo republicano estuvo desde sus albores iluminado por la reflexión universitaria, así como los programas y referentes ideológicos tenían génesis en el aula, muy particularmente en nuestro Plantel.
La crisis económica en Europa no amaina. Este hecho es en sí mismo relevante por la magnitud de su efecto adverso en la actividad económica, es decir, en la producción y el empleo. Se trata del conjunto de las economías más ricas del mundo. Apenas empiezan a advertirse algunos signos positivos cuando al poco tiempo aparece una nueva recaída y síntomas claros de la fragilidad financiera que prevalece.
Aung San Suu Kyi, la lideresa de la lucha por la democracia en Birmania, acaba de obtener un gran triunfo en las elecciones parlamentarias realizadas en ese país el domingo pasado.
Para el conjunto de la judeidad, esa extensa diáspora dispersa a lo largo de los cinco continentes, existen tres celebraciones fundamentales. Justamente por eso se las denomina o conoce como las Altas Fiestas: la Pascua (Peisaj), el Año Nuevo (Rosheshone) y el Día del Perdón (Iom Kipur). Por supuesto que todas tienen su sentido religioso, pero también para todos –desde Buenos Aires a Tel Aviv, desde Nueva York y Berlín a Bombay, incluso China- Peisaj tiene un significado especial.
La educación pública está siendo atacada en todo el mundo. En respuesta, recientemente ha habido protestas estudiantiles en Gran Bretaña, Canadá, Chile, Taiwán y otras partes.
Yoani Sánchez, famosa bloguera habanera, es un personaje peculiar en el universo de la disidencia cubana. Jamás ningún opositor se ha beneficiado de una exposición mediática tan masiva ni de un reconocimiento internacional de semejante dimensión en tan poco tiempo.
En tiempos de dominación, el poder económico ejerce su hegemonía mediático cultural a través de la farándula, el consumo y reduce la política a estériles intrigas de palacio. Los medios de comunicación corporativos modelan el contexto, aparentemente informativo, en tanto el verdadero poder ejerce el control.