Los alquimistas se distinguían por querer obtener oro de cualquier otro metal. Ahora tenemos en Codelco nuevos y muy singulares alquimistas que, para disfrazar su fracasada gestión, hacen aparecer utilidades de una simple ficción.
Archivo periodístico 2005–2019
Los alquimistas se distinguían por querer obtener oro de cualquier otro metal. Ahora tenemos en Codelco nuevos y muy singulares alquimistas que, para disfrazar su fracasada gestión, hacen aparecer utilidades de una simple ficción.
Desde RN, Nicolás Monckeberg se refiere al despertar ciudadano de estos años como una consecuencia del progreso, como fruto de los USD18.000 per cápita que ostenta Chile. Los reclamos serían rabietas de un país al umbral del desarrollo, que ha conseguido amplio bienestar y que desea aún más. O sea, el bienestar general del país llamaría a la protesta, especialmente de las clases emergentes.
La larga letanía de titulares rezaba así: “Manifestaciones contra el complejo influyeron en la decisión según la compañía”; “Tenso clima de agitación social”; “Presión social obliga a Agrosuper a cerrar Freirina y se encienden alarmas a nivel empresarial; “Sin inversión no hay progreso”; “Clima de inversión a prueba” y, “No hay certidumbre para la inversión”, junto con la aseveración de que se estaría ante “Un cuadro político complejo y de imprevisibles alcances”, a la que se agregó la no menos alarmista, pero previsible postura empresarial de Lorenzo Constans, el Presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC): “Se está dando la señal de que la violencia es el camino”.
“Yo le pido a Dios que me haga ese milagro de encontrar a mi pobrecita hija”, dijo Susana Trimarco alguna vez, hace unos seis años a esta periodista. Ya hacían cuatro que le habían arrancado a Marita de sus brazos. Por esos días acababa de desistir de viajar a Olavarría porque el mensaje había sido demasiado claro. Si viajaba desde Tucumán a buscarla en esa ciudad cementera en donde –le avisaron- la habían visto en el prostíbulo “La Morocha”, tomarían represalias con su nieta, Micaela. Susana ya había perdido demasiado y no quiso arriesgar a “la Mica”, que por entonces tenía 10.
Pasando mis vacaciones en Chile, como me imagino muchos chilenos del exterior lo hacen en esta fecha, aproveché la ocasión también para asistir a la multitudinaria celebración del centenario del Partido Comunista en el Estadio Nacional.
¿Qué tiene en común el soborno de rectores universitarios, los fraudes en casas comerciales, arreglines en licitaciones, leyes que entregan las riquezas de todos a un puñado de avaros y la existencia de un sistema político que se reparte la voluntad del pueblo como un botín de filibusteros?
Para el grueso de los estadounidenses, la expresión “socialismo” continúa recargada de connotaciones negativas que resulta más tentador eludir el tema por completo. Vinculado a los excesos más aterradores de regímenes totalitarios, desde Stalin a Pol Pot, y sinónimo de represión brutal de derechos y libertades, para gran parte de la gente estadounidense el término “socialismo” significa subordinar la dignidad y las garantías individuales al servicio de una dictadura burocrática y autoritaria del Estado que sólo sirve los intereses de una elite política que estableció las reglas y disfruta de todos los beneficios, mientras el resto sufre bajo la bota monótona de un opresivo e implacable control estatal, viviendo una depresiva desesperanza gris que aplasta las aspiraciones personales.
Hugo Chávez libra una batalla más contra la señora que en tantas ocasiones supo desairar, y los pueblos rezan por la recuperación de su salud. Simultáneamente, la barbarie liberal elucubra, conspira, hace cuentas y, tal como cuadra a la ética y moral de su especie, lanza vivas al cáncer.
¿Qué amerita en un diario como “El Mercurio”, dedicar sistemáticamente en el tiempo 5 páginas, (edición del 9 de Diciembre 2012), para escribir sobre las diferencias entre la DC y el PC y otros?
Como vimos, no solo la derecha le teme a la convocatoria de una Asamblea Constituyente, sino también el liderazgo de la Concertación.