“Si no somos hipócritas, uno tiene que entender que si detienes a un señor que ha matado a 23 personas y lo interrogas y confiesa, ¿qué es lo que le ha hecho confesar? Ha habido golpes, presiones físicas que no dejan huella, pero que puedes pensar que se producen. Presiones psíquicas, también. ¿Alguien se cree que declaran lo que declaran sin coacciones?” Son palabras de Luis Roldán, exdirector de la Guardia Civil, en El País, donde reconoció abiertamente el uso institucional de la tortura en España.
A Julio César Mondragón
A la casta plutocrática oligárquica, cuyos personajes pululan en un Congreso que el 90% de los chilenos rechaza y que dirigen partidos políticos en los cuales sólo el 4% de los ciudadanos, según la última encuesta CEP, estaría dispuesto a avalar, el 96% de la población no le cree ni en lo que reza. Ser político en Chile para el ciudadano de hoy es equivalente a ser mafioso ladrón, pillo, en fin, un espécimen completamente falto de ética; la realidad muestra que en las elecciones parlamentarias vota apenas un 40%, y muchos de los diputados y senadores representan sólo el 8% del universo electoral, en consecuencia, representan a muy pocas personas. Este cuadro se puede definir como una crisis de representación, credibilidad, legitimidad, gobernabilidad y eficacia.

En la crisis política previa al 11 de septiembre del 73 muchos descartaban que los militares pudieran proponerse un Golpe de Estado. A pesar de todos los cuartelazos históricos, existía en el propio Allende y la dirigencia política la idea de que nuestro sistema institucional era sólido y que los uniformados no violarían su compromiso republicano. Respecto de los conspiradores, sabemos que se trató de personas que, en general, no estaban en el primer círculo de la política y que pertenecieron a grupos sediciosos marginales.
Apenas Podemos —el nuevo partido político español surgido al compás de las movilizaciones de los indignados, las acampadas madrileñas y las mareas ciudadanas— asomó la nariz en las parlamentarias europeas de mayo pasado con cinco diputados electos, trastocó de inmediato el escenario político-social y mediático español.
Es chocante que la senadora Ena von baer, quien llegó al Senado como senadora designada por Santiago y, después, sólo logró ser electa trasladándose al sur y batiendo el record de aportaciones reservadas en su campaña millonaria, se permita ahora tildar de “traje a la medida” las reforma a la representación senatorial. Un poco de pudor.