
En lo único que el mundo no cambia es en la cotidianeidad de la guerra. Las frías, calientes, solapadas, encubiertas, impunes, civiles, colonialistas o descolonizadoras. Como sean, nos reiteran sistemáticamente la visión de poderosos aniquilando a países más débiles y a los más pobres dentro de cada país, sea vencedor o vencido. En África y América Latina los colonizadores nos quitaban las tierras y nos obligaban a trabajarlas. En El Sueño del Celta, Vargas Llosa, nos detalla las atrocidades que los civilizadores infligían a los indígenas para lograrlo, cortándoles los genitales y dejándolos colgados vivos para escarmiento de los que se rebelaran. Luego nos agotamos viendo a los norteamericanos “defender la libertad” masacrando niños en Corea, Vietnam, Grenada, República Dominicana, Nicaragua. Más tarde, ya el mundo sabe que con diversos pretextos se interviene y asesina por el petróleo, el coltan, los diamantes. Ya estamos acostumbrados a escucharlo y casi han logrado insensibilizarnos. Reaccionamos solo cuando vemos una foto demasiado cruda de niños heridos o muertos. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con derecho a veto, las determinan y por algo son los que además producen el armamento de guerra en el mundo: China, Francia, Rusia, Gran Bretaña y EEUU.


En su discurso ante la Enade, 


Luego del desmembramiento del imperio zarista-soviético y del fin de la guerra fría, Estados Unidos perdió una gran oportunidad de convertirse en un líder mundial. En lugar de aprovecharla para promover significativamente las condiciones de un mundo más pacífico, justo y democrático; hizo todo lo contrario. Intentó reforzar su hegemonía mundial; exacerbar la desigualdad económica; y consolidar regímenes o situaciones favorables a su poder, independientemente de lo negativo que pudiesen ser para la vigencia de los derechos humanos y la paz mundial.
Érase una vez un país donde un 43 % creía que los pobres deben su situación a su propia flojera y falta de iniciativa. ¿Qué país será? ¿En qué sociedad las oportunidades son tantas y accesibles igualitariamente como para suponer flojo a quien no las tome? Uno podría pensar en los estados de bienestar escandinavos, con sus ingresos y voluntad política para sostenerlos… Pero no, es Chile. La Encuesta CEP de noviembre de 2014 preguntó acerca de la pobreza: “¿Cuáles de las alternativas de esta lista cree Ud. que son las dos causas más frecuentes de que estas personas sean pobres?”. Un 43 % eligió “La flojera y la falta de iniciativa”.