“Las garras del cisne” se titula el libro recién publicado por Roberto Lopes, historiador militar formado en el Centro de Estudios de la Defensa Hemisférica de la Universidad de Defensa Nacional de los Estados Unidos. En su trabajo de casi 500 páginas, sólidamente documentado, Lopes detalla la ambición de la Marina de Brasil para la próxima década: pasar de ocupar un modesto vigésimo lugar en el mundo, al noveno, detrás de Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Inglaterra, India, Corea del Sur y Japón.


Cuba y Berlín eran las dos esquinas más tensas de la guerra fría. La caída del muro sacó a Berlín de esa condición. La normalización de las relaciones entre La Habana y Washington hace lo mismo con Cuba.
Desde los orígenes de la política, ésta ha servido como caldo de cultivo de la corrupción. Quienes se involucran en ella con mucha facilidad derivan del servicio público al lucro personal. No hay prácticamente régimen que haya escapado a este fenómeno. Pero a pesar de ello, la historia recuerda el nombre de muchos gobernantes que no persiguieron provecho individual con su tarea y la confianza pública depositada en ellos. Décadas atrás, en nuestro país se valoraba a los políticos que culminaban una carrera sin enriquecerse, demostrando un afán altruista que muchas veces los hizo perder lo que tenían o habían heredado. Un dirigente sindical mexicano acuñó la sentencia de que “un político pobre es un pobre político”, cuestión que se hizo nítida en la progresiva corrupción del proceso revolucionario de ese país, a cuyos últimos líderes se les toleraba convertirse en multimillonarios con la promesa que no intentaran volver a sus cargos.
(Versión complementaria al artículo de Ortega Frei titulado 

Predominan en América Latina, hoy, a mediados de la segunda década de este siglo XXI, los gobiernos democráticos populares. La mayoría fue electa por fuerzas de izquierda. De los jefes de Estado, cinco actuaron como guerrilleros bajo dictaduras: Dilma Rousseff, de Brasil; Raúl Castro, de Cuba; José Mujica, de Uruguay; Daniel Ortega, de Nicaragua; y Salvador Sánchez, de El Salvador.