Sebastián Piñera le compró a los uribistas colombianos el Comando Jungla, una unidad de militares criminales dedicada a asesinar a guerrilleros y narcotraficantes. Colombia se ha convertido en una especie de “Escuela de Panamá” para policías asesinos, pero los verdaderos dueños de esta institución tenebrosa son los norteamericanos, en este caso, sobre la base del “Plan Colombia” y en aras de la “Seguridad Democrática”, cuya acción notable fue la operación llamada “los falsos positivos”, que consistía en pagar un bono especial por cada “guerrillero muerto en combate. Los corruptos oficiales colombianos, en acciones encubiertas, asesinaron ciudadanos marginales, a quienes vestían de guerrilleros, y lograban la prima ofrecida.
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