
Los partidos de derecha conformarán un nuevo referente para enfrentar las próximas elecciones, y después volver al gobierno; lo que permite conjeturar que, más que pensar en “el bien de Chile”, como suelen proclamar con su tono pomposo, vociferando su lugar común, intentan superar su marasmo y diseñar una estrategia para visualizar la reconquista simbólica de La Moneda; porque el poder crudo, ya lo tienen…No ellos, sino los dueños del dinero; entre los cuales- se me olvidaba- si hay algunos insignes militantes, desde coroneles, presidentes de partidos, senadores, fundadores de universidades, etc.


No es la primera vez que la derecha busca fusionarse en un solo partido político: después del derrumbe de liberales y conservadores, en las elecciones parlamentarias de 1965, la derecha fundó un partido único, el Partido Nacional, que abarca a liberales y conservadores, pero liderados por un sector nacionalista portaliano, que venía de la revista Extranjero, cuyo mentor era Jorge Prat Echaurren. Este nuevo sector se caracterizaba por la admiración al franquismo y un militarismo que, en ese tiempo, era expresado por el ibañismo. El líder indiscutido del Partido Nacional fue Sergio Onofre Jarpa – hoy retirado a sus “cuarteles de invierno” -.
El 2014 fuimos testigos de la discusión en el parlamento del proyecto que pretende cambiar la educación escolar en sus niveles primario y secundario. Independiente de la diversidad de visiones existente entre los sectores sociales sobre los resultados que este proceso está dejando, el cierre de este debate, que está próximo a terminar en todas sus etapas legislativas, es la señal que el ejecutivo ha determinado para que comience la agenda legislativa propia del 2015 con el proyecto que plantea la modificación en el sistema de educación superior universitaria.
En la antigua Atenas, verdadera madre de la democracia, los cargos eran sorteados, es decir, aplicaban la modalidad de la tómbola. Los filósofos Sócrates y Platón despreciaban la democracia, pues podrían llegar a los más altos cargos los cultivadores de aceitunas y habas o gente que se dedicaba al comercio, es decir, personajes incultos que se ubicaban en el bajo vientre de la sociedad. Con mucha razón, Nietzsche consideraba el racionalismo de Sócrates como la base de la subversión de los valores. No en vano, “la razón es la loca de la casa”, como la llama José Ortega y Gasset.
En la “democracia” de los banqueros los únicos que votan son el Banco Europeo, el Fondo Monetario Internacional, los grandes bancos alemanes y, por supuesto, la tiranía de Ángela Merkel. Países como Irlanda, Portugal, España, Grecia y, ahora, Francia, en distintas medidas dependen de la voluntad de los poderes fácticos y financieros antes descritos. Nada es peor para un país que ser objeto del rescate de la troika que, de seguro, aplicarán políticas de austeridad que atentarán contra la mayoría de la ciudadanía, tratando de destruir las conquistas del Estado de bienestar.
El mundo alcanza los primeros 15 años del nuevo milenio y los chilenos cumpliremos en marzo 25 años bajo la “democracia” instalada por Augusto Pinochet. Un cuarto de siglo, tiempo suficiente para más de un capítulo de nuestra breve historia, un periodo escasamente relatado y aún menos reflexionado. Un tiempo aún innombrado y cuyas denominaciones, tales como transición, democracia binominal, tutelada o posdictadura, quedan suspendidas y reemplazadas por otras nuevas. Bajo esta aparente movilidad del tiempo político permanecen unas instituciones oxidadas, corroídas como una obsoleta maquinaria pesada.