
La interminable cadena de involucrados en la trama de corrupción, que aún no termina de manar de las cloacas, fue -cuan Boa constrictor-, cercando lenta e inexorablemente a Palacio, hasta ahogar el propio círculo intimo de la presidenta Bachelet.
Archivo periodístico 2005–2019

La interminable cadena de involucrados en la trama de corrupción, que aún no termina de manar de las cloacas, fue -cuan Boa constrictor-, cercando lenta e inexorablemente a Palacio, hasta ahogar el propio círculo intimo de la presidenta Bachelet.

Murieron luchando. Los estudiantes de la Universidad Santo Tomás fueron asesinados mientras en la calle se movilizaban por su derecho a recibir una educación gratuita y de calidad. Murieron luchando, y con ello se transforman lamentablemente en los más noveles mártires que presenta esta democracia funcional al capital nacional y transnacional.
Cambios profundos en la estructura del neoliberalismo no son posibles dentro del actual orden político. La Constitución vigente es una camisa de fuerza que impide cualquier movimiento liberador del cuerpo social. Lo saben los que se han opuesto a las demandas de las organizaciones sociales y que para sortear las presiones, al final terminan aprobando leyes mediocres sobre lo que el pueblo exige.

Si analizamos la crisis de dominación oligárquica con un mínimo de realismo, llegaríamos a la conclusión de “perogrullo” de que devolver el poder a sus verdaderos detentores, los ciudadanos, es la salida más democrática, más pacífica y más justa. La mayoría de las Constituciones legítimas, en la historia de la humanidad, han emanado de Asambleas o Cortes Constituyentes y, además, han sido refrendadas por sendos plebiscitos.

Una de las ventajas de mirar a Chile desde la distancia, con mi “telescopio virtual” (i.e., el Internet, las emisiones de TV Chile y eventuales coberturas de canales y otros medios locales e internacionales), es poder objetivar lo que allí ocurre, y la imagen que inmediatamente me viene a la mente es la de un gigantesco “reality show”.

La necesidad de pelear por nuestros derechos está latente. La clase política ha dado muestras de inoperancia, de no ser representativa; nos han demostrado que simbolizan sólo a quienes financian sus campañas.
El pensamiento único, con su omnisciente y abrumador aparato propagandístico-persuasivo-manipulador, ha desinformado y mentido ostensiblemente vendiéndonos, a través de su lobby comunicacional dominante, el triunfo electoral de los ‘tories’ como el triunfo de la austeridad (por sobre las políticas re-distributivas) a la hora de hablar de recuperación económica; en circunstancias que las causas reales de la “recuperación” (macroeconómica) -claro está- se encuentran más cerca de Bruselas (y la baja del precio del petróleo) que de las decisiones tomadas por el inquilinaje del 10 Downing Street.

Se ha celebrado el 70 aniversario de la derrota del fascismo alemán-italiano expresada en la rendición incondicional del Mariscal Von Keitel de todas las tropas alemanas. Días antes de ese histórico 8 de Mayo de 1945 el Ejército Rojo, al costo de un río de sangre, había tomado Berlín y Adolfo Hitler se había suicidado.
En todas las grandes crisis se mezcla la tragedia con la farsa y un buen ejemplo es El Decamerón, un conjunto de nobles que han huido a los cerros para evitar la muerte segura, debido a la peste que, en ese entonces, asolaba Florencia. Desde ese lugar, este grupo de hombres pasa si tiempo entretenidos en narrar cuentos subidos de color. Otro ejemplo más contemporáneo fue el comienzo de la crisis de los partidos políticos italianos, en la época de Bettino Craxi, que empezó con algo tan banal como el descubrimiento de una estafa en un asilo de ancianos, por la cual un político desnaturalizado se robaba hasta los pañales de los viejos. Sin ir más lejos, en Chile no se hubiera descubierto la podredumbre de nuestra plutocracia de no haber mediado la delación de Hugo Bravo, por ejemplo, en el caso PENTA, un mozo de los aristocráticos controladores, Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano.

Los expertos en la manipulación de lo que por un abuso del idioma se nombra como la opinión pública, como si tal excentricidad fuera posible, de vez en cuando instalan neologismos que a poco andar pasan a ser conceptos de los que nadie cuestiona su real significado, que es como decir, su falacia intrínseca, su falsedad absoluta.