
El neoliberalismo concibe al hombre únicamente en su dimensión económica, pues la existencia social sólo tiene sentido en el mercado, que determina quiénes deben sobrevivir y quiénes desaparecer, a causa de la cesantía y el hambre: es un radical darwinismo social. Para Frederich Hayek el Estado no debe, por ningún motivo, prestar ayuda a los perdedores del mercado –claro no llega al extremo de los nazis enviándolos a los campos de concentración -. Milton Friedman admite algún tipo de subvenciones focalizadas en los pobres, en situaciones extraordinarias: José Piñera, su discípulo fiel, inventor de las malditas modernizaciones, planteó un tipo de rol subsidiario del Estado, por medio de los bonos de reconocimiento: cuando el trabajador, obligado por el patrón, tuvo que cambiar del sistema de reparto solidario al sistema de capitalización privada. Además, a quien no tuviera ninguna cotización, después de una cruel selección, se le pagaba una pensión asistencial, modalidad que rige hasta ahora; es como el pan para que los esclavos no mueran de hambre.
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