Marmaduke Grove, fundador del Partido Socialista chileno, amenazaba con colgar a todos los burgueses en los faroles de la capital. Mi abuelo, Rafael Luis Gumucio Vergara, al referirse a este “peligroso” revolucionario, decía ante el senado, en 1934: “En un banco de la Alameda tomará el sol un anciano de aspecto agradable y bondadoso. Llamará al barquillero y les repartirá barquillos a unos niños que juegan cerca de él. Pasarán dos transeúntes y uno le dirá al otro: ´Ese viejito es Grove, que antes hacía revolución´”.
Todos contra el modelo parecería la pancarta más evidente y necesaria para las próximas elecciones, hasta suena bonito, pero no es así. Existe un fraccionamiento entre las alternativas que sostienen muy legítimas diferencias y que aspiran a la victoria para dar un sentido diferente a la vida y un rumbo más justo a la patria. En Chile el actual modelo y sus adalides caminan ufanos y gozan de muy buena salud por un país que les pertenece.
Que los parlamentarios tengan un patrimonio tan abultado – 60 mil millones de pesos – y que algunos de ellos sean millonarios, no nos debe extrañar: nuestros legisladores son plutócratas y, tal como en la época parlamentaria, han comprado sus curules, y según Alberto Edwards, cada uno tenía su valor, es decir, ostentar el título de parlamentario era equivalente a conde, marqués o duque. Que la política esté podrida y los políticos se vendan al mejor postor, no es sólo culpa de ellos, sino también de los empresarios que los compran a cambio de leyes que los favorezcan, como también de los electores, que los votan con los ojos cerrados.
Los diez años de revolución ciudadana, etapa conducida por el Partido Alianza País y su líder, Rafael Correa Delgado, han cambiado radicalmente a Ecuador: Correa es uno de los presidentes más prestigiosos que adscriben al socialismo del siglo XXI. Su gobierno logró superar un período negro de la democracia de ese país, en que los gobiernos y los golpes de Estado se sucedían en espacios de tiempo muy breves.
Lo que debe tener en cuenta el valioso movimiento social “No más AFP” es que la lucha continúa y continuará.
En estos momentos de alegría y fiesta en Latinoamérica por el triunfo de Alianza País, es preciso recordar que todo en la historia contemporánea inició con la ilusión de un Niño Arañero, vendedor de dulces de papaya en las calles de su natal Venezuela; reseño su origen porque estamos hechos de Memoria Histórica e identidad. Niños como Chávez nacen uno cada quinientos años y pasan por la tierra para marcar la historia de los pueblos.
El cineasta Sergio Eisenstein hubiera soñado que la filmación de la toma del Palacio de Invierno hubiera sido transmitida en vivo y en directo por la mayoría de los canales de televisión del mundo, incluso, visto en todos los móviles. A Hitler tal vez le hubiera gustado que lo mismo hubiera ocurrido con el incendio del Reischtag. En la actualidad, cualquier acontecimiento importante lo podemos observar, en su cruda realidad, a través de los medios de comunicación de masas, por ejemplo, grabar la muerte en directo, sea por eutanasia o por violencia, no causa mayor impacto, pues ya se ha convertido en lo cotidiano.
En el gobierno de Salvador Allende (1970-73) se construyó una población de viviendas sociales de óptima calidad, en un sector urbano de alto precio comercial, ex fundo San Luis en aquella época en poder del Estado, para que fueran ocupadas por familias de escasos recursos que residían en condiciones deplorables en diferentes sectores de la comuna de Las Condes.
No está en mi personalidad eludir los ataques o sumergirme para capear los temporales. Felizmente, he cumplido ya con una larga trayectoria profesional y en mi vida pública hasta aquí ya salve mi existencia, superé los criminales atentados a mi hogar, los cobardes acosos a mi esposa y seis hijos y otros múltiples amedrentamientos, registrados en la Memoria del Horror de este país.
La intelectualidad estadounidense ha caído en una catastrófica y profunda depresión. Ella está en un estado de pánico y angustia generalizada.