Los seis grandes errores del gobierno de Michelle Bachelet

El primer error del gobierno de Michelle Bachelet, a mi modo de ver, es el creer desde un comienzo que bastaba con un alto porcentaje en las elecciones y, además, una significativa mayoría parlamentaria para que las reformas marcharan miel sobre hojuelas, sin considerar la necesidad imprescindible del apoyo de los movimientos sociales activos y, también, en la calle.

 

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Bachelet, del mejor al peor de los mundos posibles

La personalidad de Voltaire – como la de todos los seres humanos – tiene una cara negativa: su odio a la iglesia, a la cual llamaba “la infame”, era soportado por la burguesía por el culto idolátrico que este filósofo profesaba al derecho de propiedad y a la posesión del dinero. Una frase que lo retrata de cuerpo entero dice que “un país ordenado es aquel que unos pocos hacen trabajar a los muchos y éstos están dispuestos a morir por esos pocos…” ¡Qué mejor retrato del Chile actual podríamos encontrar en boca del pensador francés!

 

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La Alianza del Pacífico y la doctrina Monroe

La iniciativa de integración de estos países, en una somera mirada, parece un paso positivo, sin embargo, debemos recordar las frases del Secretario de Estado Norteamericano, John Karry, quien recordó la concepción sobre América Latina como “patio trasero”, que se basaba en la teoría de James Monroe, “América para los americanos” – que, con razón, criticara en sus tiempo el ministro chileno Diego Portales, escribiendo en sus cartas: “salimos de un imperio feroz para entrar a otro peor”.

 

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Verdaderas razones del rechazo ciudadano al gobierno de Michelle Bachelet

No es extraño que a ocho meses de gobierno la aprobación a la Presidenta Bachelet haya llegado a un 45%, y la desaprobación a un 48% y, la adhesión al gobierno sea aún menor, con un 42% y 51%, respectivamente. En la historia política de Chile ha ocurrido muchas veces que gobiernos que comienzan con un gran apoyo ciudadano, al poco andar de su gestión lo van disminuyendo: es el caso de Carlos Ibáñez del Campo, de Eduardo Frei Montalva y el de la misma Presidenta Bachelet en su primer período. 

 

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Barack Obama y Michelle Bachelet

El carisma puede ser muy útil para ganar elecciones, pero no siempre para gobernar. Si recurrimos a la historia, podemos probar que presidentes de la república carismáticos, como Carlos Ibáñez del Campo, “el General de la esperanza” logró una alta votación, en 1952, y terminó sin apoyo popular al final de su gobierno; algo similar ocurrió con Eduardo Frei Montalva, y su partido democratacristiano que, de contar con más de 80% – más de la mayoría absoluta – y del 40% de votación, resultado que nunca había obtenido ningún partido político en Chile. Si nos acercamos más en el tiempo, su hijo, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ganó con el 58% de los votos – un récord en la historia política, chilena – y terminó su gobierno con el más alto nivel de rechazo de los presidentes de la Concertación.

 

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Reforma o restauración, ¿Nueva Mayoría o Concertación?

En todo proceso de reforma que toque, al menos en parte, la estructura del modelo heredado de Augusto Pinochet – tan bien gestionado por la Concertación -, por lógica, tiene que provocar la ira y la defensa de los privilegiados, que no están dispuestos a aceptar ningún cambio al paraíso de injusticia en que viven. Aunque la derecha política parecía derrotada, ha sabido desarrollar un frente de masas sobre la base de las capas medias, especialmente los padres de familia y apoderados de los colegios subvencionados, a la cual se suman los seguidores de la iglesia de mamón – aquella que confunde a Jesucristo con un banquero o un moralista que desprecia a los seres humanos, sobre todo a los pobres -.

 

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Democracia directa y Semipresidencialismo

Como siempre, en Chile, tanto el parlamentarismo como el presidencialismo son productos híbridos, es decir, muy lejanos de los modelos norteamericanos y europeos: el presidencialismo no tiene contrapeso en el Congreso y el parlamentarismo carece de partidos políticos fuertes e ideológicos, salvo en el caso de la lucha llamada teológica, que impuso el Estado docente. Si se exceptúa a conservadores y radicales, los liberales democráticos y, posteriormente, el Demócrata, fluctúan entre los dos extremos; por lo demás, no existió la institución del Primer ministro, ni la disolución de las Cámaras, elementos claves del parlamentarismo.

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Consejo extraordinario de la Democracia Cristiana, ¿pataleta o quiebre?

Cuando la Democracia Cristiana era un partido ideológico y, además, dueño del gobierno el partido principal en el parlamento, los Consejos y las Juntas Nacionales se caracterizaban por un profundo debate ideológico: se trataba de definir, entre otros temas, una política alianzas por la había que pronunciarse entre un camino propio o la Unidad Popular. Quizás, la Junta Nacional más dramática, que tuvo lugar en Peñaflor, en que el Presidente de la república, Eduardo Frei Montalva, se jugó a muerte por derrocar a la directiva rebelde tercerista, Junta que marcó el inicio del quiebre de la Democracia Cristiana con la fundación del partido MAPU.

 

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Los veteranos del Senado

Con mucha razón, Arturo Alessandri Palma quiso eliminarlo de la Constitución de 1925. A mi modo de ver, el bicameralismo no tiene ningún sentido en un país unitario, como Chile, donde ambas cámaras representan a las regiones y desempeñan, prácticamente, las mismas funciones, excepto el que la cámara de diputados tiene un rol fiscalizador y el senado actúa como jurado.

 

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¿Está la Nueva Mayoría pegada con moco?

Hasta el año 2011, la llamada democracia chilena funcionó sobre la base del famoso “peso de la noche”: el orden podía funcionar con cierta perfección, pues la sociedad civil estaba ausente, y si algún cambio se llevaba a cabo, surgía de las minorías ilustradas de los burócratas y de los tecnócratas, y el ideal de … Leer más