Los últimos procesos electorales demuestran la poca penetración e influencia de la UDI dentro de las comunas populares, lo cual prueba que el lema de La UDI Popular era un verdadero mito, inventado por Jaime Guzmán y continuado por Pablo Longueira – con apariciones fantasmagóricas incluidas -, con la idea de combatir al comunismo en su propio caldo de cultivo, los pobres. La verdad es que este partido sólo triunfa en las comunas más ricas – Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea – que lo tienen como adalid de la defensa de sus intereses, pues su fallida campaña de integrar a los “rotos” de poco le ha servido.
Históricamente, Chile ha sido un país conservador y dominado por “el peso de la noche” portaliana: basta observar las estatuas que decoran el Paseo de las Alamedas para comprobar la veracidad de la mentalidad conservadora de nuestro pueblo. Nuestros héroes nacionales eran, en mayoría, líderes autoritarios y dictatoriales, por ejemplo, la estatua del comerciante Diego Portales está mirando a La Moneda para controlar que los negocios marchen bien y que, en política, todo permanezca bajo el dominio de los “pelucones”; la Bernardo O´Higgins aparece en una posición heroica, montando su caballo y, fieramente, desafiando a sus enemigos, cuando no fue más que un dictador; más allá, frente a la Universidad de Chile, está la estatua de Andrés Bello – gran educador caraqueño, sostenía que la educación para los “rotos” debía limitarse a entregar los rudimentos básicos para la formación de una mano de obra y, así, condenarlos al eterno trabajo de peón . Chile siempre ha venerado a los personajes autoritarios y rechazado a los rebeldes.
Don Luis Barros Borgoño, el candidato de la derecha contra Arturo Alessandri Palma – en 1920 se presentaba como de izquierda – no tenía nada de pechoño, pues había sido educado por el historiador Diego Barros Arana, uno de los más violentos “come curas” que han pasado por la historia, sin embargo, cuando estuvo escondido, huyendo de los rigores de la llamada dictadura de Balmaceda recitaba de memoria, juntos con los curas benefactores, el breviario diario, que debían rezar diariamente. Así era Chile de esa época: los conservadores iban a misa en la mañana y, los liberales, en la tarde. El candidato Barros Borgoño era mucho menos reaccionario de lo que parecía, pero sí sobresalía como un verdadero pavo real, tal cual lo describe Carlos Vicuña Fuentes en su libro La tiranía en Chile.
La educación no puede ser asunto de mercaderes, ni de tecnócratas sino, fundamentalmente de la comunidad educativa profesores – directores, alumnos y apoderados y demás funcionarios de cada escuela y, sobre todo de la ciudadanía -. La tentación del despotismo ilustrado es difícil de vencer para cualquier gobierno, así, desgraciadamente, la reforma en curso, emprendida por el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, no escapa de este círculo vicioso.

En el Armagedón provocado por la falla del metro el viernes último, surgió el clamor de desamparo de miles de usuarios del transporte público y, ¿quién podrá salvarnos de semejante desastre? Desde hace mucho tiempo los chilenos desconfían de moros y cristianos y, quizás, el último recurso que les resta es refugiarse en la familia, en la cual pueden ampararse en este mundo hostil.
Chile, junto a cuatro Estados más – el Vaticano, Malta, Salvador y Nicaragua – no acepta el aborto terapéutico y, además, condena a médicos y madres que abortan a penas aflictivas, incluso, en casos extremos como la malformación del feto y no viable. El caso de Belén plantea un problema ético fundamental que dice relación con la necesidad de legislar, a la brevedad, sobre el aborto terapéutico que, en este caso, se refiere a niñas violadas, incluso por familiares – padres, padrastros, tíos, abuelos, y otros – y, en muchos casos, con la complicidad de la madre quien, como en el caso de Belén, por ignorancia, sostiene que “estas relaciones eran consentidas” por la víctima.
Hay que estar muy mal de la cabeza para aceptar el cargo de ministro de Educación. Sus dos antecesores, Yasna Provoste y Harald Beyer, fueron destituidos de sus carteras por sendas acusaciones constitucionales, que terminaron aprobadas por los vejetes, que se disfrazan y ofician de jueces, con peluca y todo, en la Cámara de Senadores. Con estos antecedentes una persona con mínima dosis de cordura, se negaría a aceptar este regalo envenenado. Nicolás Eyzaguirre tuvo la valentía de asumir este calvario.
La frase de Hegel, que “la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como falsa” y tomada por Karl Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte, no deja de tener profundo sentido: las declaraciones de Pérez Yoma a una periodista del diario La Tercera, ha servido para resucitar viejos fantasmas de muertos, que se resisten a descansar en paz – dicen los parapsicólogos que este fenómeno se produce, fundamentalmente, en personas que han fallecido a causa de suicidio, o bien, violentamente, y no han podido completar su karma en la tierra – hecho que está ocurriendo en la vieja Concertación y aún con la más anciana idea del camino propio.