Las castas en el poder – políticas, empresariales o religiosas – están llegando al colmo del desprestigio ciudadano: nada bueno se puede surgir del derrumbe actual de las instituciones y de las élites gobernantes, resta, por consiguiente, sólo esperar que surja un fuerte y gran movimiento ciudadano, capaz de influir en el fin de la monarquía plutocrática y fundar la república, a través de una Asamblea Constituyente – por desgracia, idea aún lejana en el horizonte -.



No es la primera vez que la derecha busca fusionarse en un solo partido político: después del derrumbe de liberales y conservadores, en las elecciones parlamentarias de 1965, la derecha fundó un partido único, el Partido Nacional, que abarca a liberales y conservadores, pero liderados por un sector nacionalista portaliano, que venía de la revista Extranjero, cuyo mentor era Jorge Prat Echaurren. Este nuevo sector se caracterizaba por la admiración al franquismo y un militarismo que, en ese tiempo, era expresado por el ibañismo. El líder indiscutido del Partido Nacional fue Sergio Onofre Jarpa – hoy retirado a sus “cuarteles de invierno” -.
En la antigua Atenas, verdadera madre de la democracia, los cargos eran sorteados, es decir, aplicaban la modalidad de la tómbola. Los filósofos Sócrates y Platón despreciaban la democracia, pues podrían llegar a los más altos cargos los cultivadores de aceitunas y habas o gente que se dedicaba al comercio, es decir, personajes incultos que se ubicaban en el bajo vientre de la sociedad. Con mucha razón, Nietzsche consideraba el racionalismo de Sócrates como la base de la subversión de los valores. No en vano, “la razón es la loca de la casa”, como la llama José Ortega y Gasset.
En la “democracia” de los banqueros los únicos que votan son el Banco Europeo, el Fondo Monetario Internacional, los grandes bancos alemanes y, por supuesto, la tiranía de Ángela Merkel. Países como Irlanda, Portugal, España, Grecia y, ahora, Francia, en distintas medidas dependen de la voluntad de los poderes fácticos y financieros antes descritos. Nada es peor para un país que ser objeto del rescate de la troika que, de seguro, aplicarán políticas de austeridad que atentarán contra la mayoría de la ciudadanía, tratando de destruir las conquistas del Estado de bienestar.

