En el Evangelio se dice que siempre habrá pobres entre nosotros y que es deber de los cristianos de buena voluntad el protegerlos. En el Partido Conservador – aun cuando parezca raro – existía un sector conformado por obreros católicos llamados “los josefinos”, que defendían las posiciones más oligárquicas basadas en la doctrina social de la Iglesia, difundida por León XIII, en la Encíclica Rerum Novarum; posteriormente, el sindicalismo católico pasó a los hijos de los conservadores, los democratacristianos. En el fondo, en ambos partidos políticos ha existido una especie de paternalismo respecto a los sindicalistas católicos: por ejemplo, en la campaña presidencial de 1964 las señoras democratacristianas visitaban a las pobladoras pobres, convirtiéndolas en “sus amigas”, protegerlas y enseñarles una forma de enfrentar el diario vivir; algo de este paternalismo se repite en la relación entre “el príncipe” Patricio Walker y su protegido, el sindicalista de Aysén, Iván Fuentes.





El fin del conflicto armado, que se extendió por más de 52 años, está cada día más cercano. La firma del Acuerdo que pone fin a la dialéctica de las armas al reemplazarla por el diálogo ha sido el resultado de la voluntad explícita, tanto del gobierno del Presidente de la República, Juan Manuel Santos, y de los jefes máximos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, encabezada por Rodrigo Londoño “Timochenko”.
El atentado terrorista perpetrado contra un centro de diversión de gays y transexuales, fundamentalmente frecuentado por latinos, le cae como anillo al dedo para favorecer la candidatura presidencial de Donald Trump, que cuenta con la mayoría de los delegados necesarios para ser proclamado como el abanderado en la Convención Republicana.