El anarquismo, al igual que el marxismo, es un verdadero océano en el cual coexisten varias tendencias, a veces contradictorias entre sí. En el caso del marxismo, hay una forma totalitaria basada en una ortodoxia sectaria, y una abierta al diálogo.
Archivo periodístico 2005–2019
El anarquismo, al igual que el marxismo, es un verdadero océano en el cual coexisten varias tendencias, a veces contradictorias entre sí. En el caso del marxismo, hay una forma totalitaria basada en una ortodoxia sectaria, y una abierta al diálogo.
La palabra decadencia está de moda y se aplica a los más variados temas, ya sean de política, economía o la sociedad. El tema de la decadencia tiene sus orígenes en la filosofía de la historia, y consiste en comprender el sentido de la historia de la humanidad.
En las masivas manifestaciones de los jóvenes de mayo de 1968 gritaban en el Barrio Latino, en Francia, “elections piege a cons” (elección, trampa para idiotas). Sin excepción, todos los sistemas electorales están pensados para falsificar la voluntad popular, y los representantes no tienen ninguna relación con los representados: tanto en los sistemas mayoritarios, sea a una o dos vueltas, como en los proporcionales, siempre se desvirtúa la voluntad popular favoreciendo a los partidos tradicionales sobre los nuevos. El ideal de los cientistas políticos y expertos electorales es que la competencia se limite a dos partidos, pues de esta manera se podría evitar que en un proceso electoral cualquiera, sorpresivamente, se ponga en cuestión las instituciones políticas.
La mayor parte de la enseñanza en historia que “recibimos” en la enseñanza primaria y secundaria es una continua repetición que incluye innumerables falsedades, difundidas, especialmente, por historiadores conservadores, entre ellos Francisco Antonio Encina, Sergio Villalobos, Gonzalo Vial Correa, entre otros.
Los inmigrantes se han convertido en el chivo expiatorio de nuestro tiempo y se les culpa de todos los males de la sociedad occidental en su fase de decadencia. En el imaginario del racismo está del otro porque se le encuentra diferente. El grito de los militantes del Partido Frente Nacional, de la candidata a la presidencia de Francia, Marine Le Pen, “on est chez nous” (estamos en nuestra casa), es muy gráfico para expresar esta actitud. Antiguamente, en este país al extranjero se le llamaba “méteque” (extranjero), – ver canción de George Brassens -.
El psicópata, narcisista y megalómano, Donald Trump, se cree dueño, no sólo de su país, sino del mundo entero, incluso, tal vez le falte nombrar como senador a su caballo, tal cual lo hizo el famoso el emperador romano, Calígula, lo que no sería una mala idea pues, a veces, los caballos podrían ser más inteligentes y capaces que los senadores.
Cuando me desempeñaba como profesor, en el Instituto de Historia de la Universidad Católica de Valparaíso, en plena época de la Unidad Popular, en los claustros plenos se desarrollaban verdaderas batallas ideológicas: el combate era tan de vida o muerte que lo ganaban los derechistas o nosotros; aún recuerdo la frase desesperada “el burgués siempre es el otro”, del poeta Godofredo Iommi, quien le había quitado al gran poeta Vicente Huidobro su mujer, Ximena Amunátegui. Esta frase retrata el gran drama del fanático, que es la falta de empatía hacía sus semejantes, pues no puede entender que alguien piense distinto a él, que tenga otro color de la piel distinto al suyo, que pertenezca a otra cultura, en la mayoría de las veces muy superior, que sea pobre.
Marine Le Pen y su segundo, Florian Philippot – este último se define como un admirador del general Charles De Gaulle – han tratado de cambiar la mala imagen del Frente Nacional, definido como partido fascista y de extrema derecha, con el objetivo de llegar al poder conquistando las ciudades populares, especialmente las del norte de Francia, como también las antiguas comunas rojas de la banlieue parisiense.
La derecha francesa está marcada por una serie de escándalos en la V República y, entre los más importantes, podemos citar: el de Valéry Giscard d´Estaing, quien recibió regalos de diamantes del sátrapa emperador centroafricano, Jean Bedel Bokassa, que se vanagloriaba de ser muy amigo de Giscard, aunque nunca fue invitado a su casa. El escándalo de los diamantes abrió ppuerta al triunfo delo socialista, Francois Mitterrand, (1981-1995).
El miembro del grupo de trabajo sobre desapariciones forzadas de Naciones Unidas, y del Centro de Derechos Humanos de Nuremberg, Rainer Huhle, conversó con integrantes de Londres 38, espacio de memorias, acerca de los escasos avances en el esclarecimiento de la verdad sobre detenidos desaparecidos, la falta de justicia y el avance de la impunidad, y los desaparecidos en democracia.