Debo admitir que ignoro qué se entiende por libertad de expresión. He consultado textos de diferentes autores, la literatura especializada a partir de la invención de la imprenta y nada. También por sugerencia de un amigo exégeta, papiros de las culturas de Egipto y China, donde los escribas registraban los edictos reales. Nada. He revisado tratadistas, filósofos, ensayistas y nadie puede explicarme sobre el tema, con la claridad del caso. Entonces, uno termina por reconocer que se asimila a la muerte. Ni las opiniones de Voltaire ni Rousseau, me proporcionan luz y la oscuridad persiste en mi cerebro. Si realizo mi paseíllo diario por la calle y a quien se cruza conmigo lo insulto, más de alguno me puede propinar una bofetada, darme un puntapié en el tafanario o escupirme. Frente a esta agresión, yo podría alegar: si estoy ejerciendo la libertad de expresión de acuerdo a los tratados consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y usted se permite agredirme. ¿Acaso olvida que Augusto Pinochet Riggs es ceniza, aunque hay quienes aún le rinden tributo?
Leer más