Apenas los conquistadores españoles aparecieron por estas latitudes —a evangelizar a los idólatras, según los historiadores franquistas— se propusieron borrar la historia de Las Indias. Esta evangelización a ultranza, significó asesinar a alrededor de 60 millones de aborígenes, destruir su cultura, sus ciudades, tanto o más bellas y prósperas que las de Europa, donde los invasores imponían a latigazos las costumbres, el idioma y la religión del imperio. Y para humillar al nativo hasta hacerle ver su perverso paganismo e inferioridad cultural, construyeron iglesias sobre sus templos.
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