
No es ningún misterio el que Chile no es un país, sino el fundo de unas pocas familias de millonarios con apellidos “bancosos”, que condenan a una vida miserable al 90% de los “siervos de la gleba” – los siúticos y arribistas los llaman ciudadanos -. Hablar de república es una verdadera estulticia e insensatez, pues en Chile no existe la “cosa pública”, sino la cosa privada, donde todo se vende y se compra. Los adultos mayores, con jubilaciones paupérrimas están condenados a muerte por el oneroso precio de los medicamentos, o también por la larga espera en recibir atención hospitalaria. Hablar de democracia es otro sinsentido, pues no existe, ni siquiera, la democracia formal, menos aquella que J.J. Rousseau llamaba “asunto sólo para ángeles”.
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