Hace unos días por TV Chile, el canal internacional de TVN, tuve ocasión de ver en el programa “Esto no tiene nombre” un interesante reportaje sobre las abismantes condiciones de higiene en algunos restaurantes del centro de Santiago, el peor de todos, el Nuria. Menos mal que en mis visitas a Chile nunca he ido a tal local (espero que mis “picadas” favoritas, el Bar Nacional, el Ciro’s y la Pizzería Da Dino no me deparen alguna mala sorpresa, al final parece que lo más seguro es ir a esos sitios donde la comida la preparan a la vista de los clientes, como la Fuente Alemana, otro de mis favoritos). Sin embargo no es de la gastronomía santiaguina de la que quería ocuparme, sino de otra “cocina”, esa expresada como imagen figurativa para denotar un lugar y un momento en que se ha concretado alguna maniobra política, comercial, criminal o de alguna otra índole, en medio de una cierta discreción—por llamarla elegantemente—del mismo modo como en el reportaje en cuestión los comensales no se enteraban de las moscas y cucarachas que circulaban por el lugar donde la comida era preparada.
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