Durante siglos, los gobiernos han dicho a sus soldados y a su pueblo: conozcan al enemigo. El problema con el califato del Isis, el Estado Islámico –y es un gran problema para el presidente Obama después del asesinato del periodista James Foley–, es que no sabemos qué es. Nos hablan de sus carnicerías, de su crueldad, sus raptos de mujeres; de que entierran vivos a humanos, de su saña contra cristianos y yazidíes y sus decapitaciones públicas, pero eso es todo. Incluso el líder del EI, Abú Bakr Bagdadi, parece una combinación demencial del Mahdi que asesinó a Gordon de Jartum, el ejecutado Osama Bin Laden y Oliverio Cromwell, el que hizo a los civiles de Drogheda lo mismo que el lord protector musulmán Bagdadi ha hecho a sus enemigos.
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