¡Tiquitiquití! ¡Se viene el 18 mi alma! Cualquier chileno bien nacido en el territorio nacional de Arica a Punta Arenas conoce al dedillo el día número dieciocho del mes número nueve: según él o ella, en ese día brillante, resplandeciente y florista del todavía invierno, Chile se independizó de la Corona Española. Así tal cual. Y también cree que al día siguiente, es decir, el 19, es absolutamente necesario ver en vivo o a través de la televisión la parada de los militares en el ex Parque Cousiño: por allí se arrastran muy hidalgos los hombres preparados para la guerra, exhibiendo sus armas de lucha y lo bien amaestrados que están, obedecen las órdenes al mero tronar de dedos. Aquí lo que importa es el desfile e impresionar a la presidenta e impresionar a la parentela. Además los hombres cuidan su cuerpo y saben lo que duele una azotaina. De vez en cuando surge una cabeza semi rubia de lo que parece ser una mujer que además es bonita: júbilo para la prensa y sobre todo para los matinales. Habrá mirra, incienso y especias. También oro y frigideres nuevos.
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