El presidente Sebastián Piñera nunca ha sido del agrado de la derecha populista y gremialista, cuyo patrón será siempre el falangismo español y, en la actualidad, el PP, y, a su vez, el presidente está más a gusto entre gerentes y empresarios, además de los democratacristianos.
La educación es un derecho social. Un derecho fundamental. Los estudiantes, sus profesores, los universitarios y la sociedad lo va entendiendo… y muy bien (ver 1). Derechos como la salud y el derecho a las riquezas nacionales (minas, mar, agua, ríos, energía) Los que defienden las leyes educacionales actuales son parte de la colusión mercenaria que estableció una educación en la que sólo se permite respetar “el derecho a hacer negocios con la educación”.
El día martes 7 de junio, mas de 100 estudiantes de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), funaron al Ministro de Educación Joaquín Lavín Infante, cuando éste participaba en el edificio Gabriela Mistral, en una ceremonia en que se conmemoraban los 30 años de la reforma de la educación superior que dio inicio al proceso de privatización de las universidades en Chile.
Mientras que las elites binominales comienzan a vivir la crisis de legitimidad, el movimiento estudiantil y el de los trabajadores subcontratistas del cobre desarrollan la unidad en la acción y son portadores de soluciones promisorias.
Súbitamente la expresión “Universidad de Chile” llega por obra de los medios de comunicación con dos connotaciones claramente distintas: la “U” celebrando en gloria un nuevo título de fútbol profesional y la otra, la universidad propiamente tal con sus estudiantes movilizados, formando profesionales y tratando de cumplir sus otras funciones en un ambiente muy lejos de la gloria de su homónima pelotera.
Cada vez es más notorio que la agenda de seguridad en América Latina está siendo copada por la confrontación entre el estado de derecho, la seguridad de las personas en el diario vivir, la delincuencia y las bandas del crimen organizado esencialmente en torno al narcotráfico, el comercio de armas pequeñas, la migración ilegal y la trata de personas.
Los izquierdistas deben ver un signo en la rebelión de los pobres contra el rol tradicional de votantes de los políticos de la clase rica o de sus servidores de capas medias. Pero identificarse con Ollanta Humala por izquierdista, hasta el momento parece ser consecuencia de la debilidad, desorientación y desviación de muchos.
El gobierno del presidente Sebastián Piñera ostenta el récord de embriagar la perdiz: propone cada día un proyecto nuevo, con titulares rimbombantes; si fuéramos tan tontos para seguirlo, estaríamos convencidos de que, por ejemplo, Joaquín Lavín hizo realmente una revolución en la educación.
Que no se quede en el molde hecho sino que construya los que sean necesarios para este año, para este siglo y para el otro.
Las movilizaciones que desde hace algunas semanas se han escenificado en diversas ciudades del país, pone en evidencia un cierto malestar ciudadano respecto a materias diversas, pero que podríamos resumir como una muy mala percepción del funcionamiento de las instituciones del país.