Estados Unidos, la OTAN y sus empresarios globales han decidido y están ejecutando la conquista paulatina del planeta esta vez tras los recursos naturales en vías de agotamiento. El General Wesley Clark, exjefe de la OTAN, declaró que Estados Unidos ya el año 2001 tenía el plan para invadir 7 países, Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. La defensa antimisiles en Europa y los barcos de guerra en Asia Pacífico son parte de lo mismo.
Dirán algunos que la izquierda no existe, que se fue para tratar de hacer sobrevivir a la moribunda Concertación, que la izquierda está en sus casas o muy dispersa. La verdad es que nunca como ahora los hombres y mujeres que han sostenido siempre que es posible dar por iniciado un nuevo modelo de país, están en inmejorables condiciones.
Tras una prolongada agonía del modelo de democracia de elites que se había mantenido y que persistirá por algún tiempo, la sociedad percibe que la realidad política se ha modificado profundamente tras la llegada a La Moneda de los responsables del orden productor de malestares e injusticias y el alejamiento de quienes lo administraron por casi 20 años.
Una onda “republicana” recorre la política chilena. Aunque nadie ignora que el último republicano -y heroico defensor de sus instituciones- fue el presidente Salvador Allende, ahora debemos soportar que cualquier politicastro de derecha, centro o Izquierda se proclame “republicano” con impúdico olvido de su pasado o de su complicidad con la actual república oligárquica.
En la discusión sobre financiamiento de la educación superior ha aparecido un nuevo distractor: echarle la culpa a los rectores del CRUCh porque las carreras que dictan sus instituciones serían muy largas.
Con mucho desagrado me he enterado sobre el homenaje a un personaje que traicionó a su propio país al obedecer a sus amos imperialista y, de paso, llevar a cabo un golpe de estado puramente fascista.
Con bombos y platillos se anuncia, para el próximo 10 de junio, en el teatro Caupolicán, un acto-homenaje al fallecido general Pinochet. La respuesta de rechazo ha sido mayoritaria a través de las redes sociales y se organiza una funa. Ante este hecho vale recordar que hace unos meses también se realizó un homenaje a Miguel Krassnoff, uno de los principales esbirros de Pinochet.
La sola idea de un homenaje al dictador Augusto Pinochet en Santiago repugna a cualquiera con la más mínima consciencia ética y política en nuestro país. Se trata de una provocación de sectores de extrema derecha que no encuentran su lugar en el Chile de hoy. Sin embargo, el hecho de que sea posible esta aberración entre nosotros muestra, por contraste, las deficiencias de nuestra democracia. A diferencia de otras experiencias autoritarias, en nuestro país no hemos sido capaces de poner las cosas en su lugar: No es legítimo ni admisible, desde ningún punto de vista, la apología del genocidio ni la celebración de la violencia y el crimen.
Una distinguida caricaturista polaca llamada Pawla Kuczynskiego (1976), ha alcanzado premios y reconocimiento internacional por sus lúcidas sátiras del mundo actual. Su estilo nos trae reminiscencias de Magritte, mas su mirada crítica es muy contemporánea. Entre sus muchas obras, está aquella que retrata al político de un modo tan nítido como elocuente. Una imagen que entre nosotros los chilenos ha adquirido una especial significación desde el llamado “retorno a la democracia” hace ya más de dos décadas.
Es estos días han coincidido en la prensa noticias respecto de los arrebatos de un parlamentario de derecha que después del discurso presidencial del 21 de mayo ha apodado irrespetuosamente al presidente de la republica con el nombre del héroe de una cinta cómica, el Capitán Futuro, y también de un