El triunfo contundente del Comandante Hugo Chávez y de la revolución Bolivariana desnudó las grandes contradicciones de los llamados demócratas de Chile (y también del mundo). Independiente de que la figura del Presidente de Venezuela genere divisiones, es decir no presenta matices, se le odia o se le ama. Indudablemente que este es el triunfo de los porfiados, de los indignados. En definitiva es el triunfo de un pueblo que no cree en la receta que el Imperio le ha dado a todo el mundo y a Chile por supuesto.
Para muchos las elecciones venezolanas fueron un enfrentamiento entre la izquierda y la derecha sudamericanas. Para algunos bolivarianos, era otra batalla de Ayacucho, en la que la victoria de Chávez sería un nuevo paso hacia nuestra segunda y definitiva independencia, no solamente de Venezuela, sino de toda la región, y su derrota un fenomenal retroceso. Para partidarios de la oposición, era una competencia entre una izquierda radical, representada por Cuba, de la cual Chávez sería el hijo predilecto, y una reformista, de tipo brasileño, o entre el autoritarismo populista y la democracia representativa. Por mi parte creo que fue más bien otro capítulo del realismo mágico, en el que la magia es la igualdad, como lo demostró la amplia victoria de Chávez, y tal vez un intento de superar la ineficiencia y la corrupción del modelo.
Los sistemas realmente democráticos se originan en base a la voluntad popular libremente expresada. Y especialmente las normas fundamentales que los rigen –denominadas Constitución o Carta Fundamental- deben ser el producto de dicha voluntad. Como las sociedades formadas por millones de personas no pueden elaborarlas y aprobarlas directamente, se hace necesario que los pueblos elijan representantes suyos para tales efectos, sin perjuicio que su resultado tenga que ser refrendado posteriormente por el conjunto de la sociedad a través de un plebiscito. Dichos representantes adquieren el nombre de Asamblea Constituyente.
El Chico Peña es como un niño símbolo de la política cultural del gobierno de los mejores. Una especie de Fanta, pero en democracia, dispuesto a lo que sea con tal de desarrollar sus delirios de héroe. Durante el reinado de Pinochet, habría andado mejor que ahora al lado de Sergio Fernández u Onofre Jarpa. Y habría descollado haciendo la pega sucia del Ministro Francisco Javier Cuadra.
En la crónica Sin olvido. Crímenes en La Higuera, los investigadores cubanos Adys Cupull y Froilán González transcribieron los apuntes del periodista inglés Richard Gott en la tarde del 9 de octubre de 1967, cuando el helicóptero que transportaba el cadáver del Che aterrizó en Vallegrande.
Crisis del modelo internacionalista ONU. El tema es bien profundo. Consiste en el estado del internacionalismo que refleja esta crisis. Para muchos cuarteles que han intervenido desde el exterior, la situación más parece una oportunidad de negocios y reparto de un botín. Observé algo parecido en el período pre invasión Irak 2003. Es así de duro lo que observo al llegar y recorrer.
El viernes pasado, 28 de septiembre, el Pentágono volvió a amenazar a WikiLeaks. El portavoz del Pentágono, George Little, exigió que WikiLeaks destruya sus publicaciones, incluida la bitácora de la Guerra de Irak que reveló los asesinatos de más de 100.000 civiles. Little dijo: “El hecho de que WikiLeaks posea información clasificada que pertenece al gobierno de EE.UU. representa una continua violación de la ley”. El Pentágono también volvió a “advertir al señor Assange y WikiLeaks” contra la “solicitación” de material de denunciantes militares estadounidenses.
“Me comprometo con ustedes a ser cada día mejor Presidente de lo que he sido en estos años”, dijo el tripresidente Hugo Chávez desde el Balcón del Pueblo del Palacio Miraflores, cuando casi terminaba la larga jornada electoral con un 80% de participación ciudadana y un holgado triunfo del mandatario sobre el candidato derechista Henrique Capriles Radonsky.
La Concertación, más bien sus restos humeantes, se asilaron en una estrecha calle de Santiago para celebrar el triunfo del No. A la cita también llegaron un par de centenas de estudiantes de la Enseñanza Media, quienes pusieron la parte cultural de la velada.
Uno de los puntos finos de Eric Hobsbawm como historiador fue siempre la descripción de la historia en sus ondulaciones, por más leves que éstas fueran.