El electorado en prácticamente todos los países está obligado a pronunciarse entre propuestas capitalistas en colapso. No tiene como opción marcar por una política sustentable de largo plazo.
Archivo periodístico 2005–2019
El electorado en prácticamente todos los países está obligado a pronunciarse entre propuestas capitalistas en colapso. No tiene como opción marcar por una política sustentable de largo plazo.
En política es bueno tener sueños. También ser realistas y saber manejar los datos objetivos. Los comunistas combinamos esos elementos para enfrentar los desafíos del país.
La abstención masiva de los chilenos en la última elección municipal instala en nuestro medio una fenomenología social que debe ser puesta en perspectiva. Lo inédito no es el “abstencionismo”, la novedad estriba en su masificación.
No basta ser eficientes y dirigir comunas ricas. Además es necesario tener “alma”, es decir poder comunicarse con el pueblo. Labbé, Sabat y Zalaquett fueron alcaldes por varios períodos y parecían invencibles. Fueron derrotados por tres mujeres con una cara amable y humana .En cierto sentido con algo del “ángel” que rodea a la Michelle.
El fenómeno de la alta abstención, inesperada en esos porcentajes, no permitirá realizar el ejercicio de desarrollar un mapeo de las fuerzas políticas, de cara a las elecciones del Legislativo y Ejecutivo que se vienen encima. En efecto fue una jornada que dejó en ridículo a la clase política y al Presidente Piñera, quien esperaba “una masiva participación”.
Los diversos rostros de los movimientos sociales asoman tras los resultados de la elección municipal. La de Eloísa González que llamó a “no prestar el voto” como rechazo a un sistema político de fuertes restricciones a la participación democrática, una opción que forma parte de de esa inmensa mayoría de ciudadanos, un 61%, que no participó en la elección municipal.
Ahora que el espectáculo cuatrienal de la elección presidencial está alcanzando la cúspide, es útil preguntar cómo las campañas políticas están abordando los temas más cruciales que enfrentamos. La respuesta es sencilla: mal, o para nada. En tal caso, surgen algunas preguntas importantes: ¿por qué, y qué podemos hacer al respecto?
La elección municipal del pasado 28 de octubre hizo visible lo que ocultan las máscaras del formalismo estatal y las apariencias de vivir bajo un orden democrático estable, a la vez que trazó las líneas y contornos de la escenografía del nuevo momento de rearticulación entre pueblo y política.
Las cifras que arroja la reciente elección municipal en Chile consagran una tendencia que se advierte desde hace años en el seno de nuestra sociedad, esto es, el tránsito de “ciudadanos” al nuevo estatus de “consumidores” Como hemos podido constatar, tras el llamado “retorno a la democracia”, la analogía del ámbito político con respecto al ámbito tecno-económico se estrecha cada día más.
Para Max Weber hay tres grandes fuentes de la legitimidad política: la tradición, el carisma y la ley, que tiene su expresión, en la actualidad, en el sufragio popular. Los más de ocho millones de ciudadanos que en las elecciones municipales del 28 de octubre último dieron la espalda no sólo al sistema político, instituciones, partidos y castas en el poder, no es un producto netamente criollo: me atrevo a sostener la hipótesis de que estamos asistiendo, en el segundo decenio del siglo XXI, al fin del ciclo de las democracias electorales en cualquiera de las formas de gobierno heredadas del siglo XVIII.