El partido Igualdad no es un partido, a pesar de lo mucho que ha costado inscribirlo, y no es un partido porque es un movimiento social. De modo que como partido no es un fin en sí mismo, es un medio, un instrumento para participar en la vida política, y no es tampoco un partido instrumental a la manera del PPD, que dura más de 20 años porque el ejercicio del poder, del poder por el poder, da para eso y mucho más. No, Igualdad es una esperanza.
Como se ha publicado, la elección presidencial norteamericana no la gana quien saca más sufragios en las urnas. Es indirecta. Cada estado y el Distrito de Columbia (DC), la capital, elige grandes electores, un número igual a sus diputados, que se determina por la población, y senadores, dos por cada estado (el mínimo es tres). Ello beneficia a los estados más chicos. En 48 estados y el DC, el candidato que saca más votos se lleva a todos los grandes electores, y solamente en dos, pequeños, el sistema es proporcional.
Pasada apenas una semana del catastrófico rechazo por parte de la ciudadanía, no sólo al sistema de partidos políticos, sino también a las demás instituciones, cuya legitimidad emana de la democracia electoral, los partidos vuelven, un poco más humildes y, como si nada hubiera ocurrido, a disputarse el trofeo del triunfador cuando apenas representan el 40% del universo electoral y cuentan con el desprecio, el desgano o el rechazo del 60% de los electores.
Un derrotado notable en la elección pasada fue el descascarado criterio que decía que la abstención beneficiaría a la derecha. Remasterizando las consignas chantajistas de elecciones pasadas, sujetos con casi nula capacidad analítica insistían en que no votar, era favorecer al gobierno. Sin ser capaces de demostrar el aserto, recrudeció la campaña para que la gente se sintiera poco menos que traicionando a su madre si no votaba.
Un “Cisne Negro” es una figura que alude a cierto tipo de acontecimientos mayúsculos, pero extraños, inesperados e imprevisibles.
La última elección municipal en Chile ha dejado varias lecciones, todas apuntan a un divorcio abisal entre la institucionalidad política vigente y la sociedad misma. No de otro modo se explica que seis de cada diez chilenos se abstuvieran de emitir su sufragio.
Resulta imposible hacer una proyección de lo que pudiera acontecer en las próximas elecciones presidenciales con las tendencias expresadas en los últimos comicios municipales.
Desde hace mucho tiempo estamos denunciando cómo la Municipalidad de Providencia es una especie de comparsa del sector inmobiliario y por ello, hace unos 10 días atrás, con Josefa Errázuriz, tuvimos que presentar una querella criminal en contra de los funcionarios que resulten responsables de la vulneración flagrante de la Zona Típica Dalmacia en esa comuna. La Contraloría General de la República, ante la denuncia presentada por nosotros y el abogado Luis Mariano Rendón, emitió un contundente dictamen confirmando nuestros dichos.
Los grandes ganadores lamentablemente son el 60% de los chilenos que decidieron no ir a votar este 28 de octubre y abstenerse de participar de un sistema electoral que cada vez tiene menos credibilidad y que a su vez refleja el desprestigio de los partidos y de las instituciones del Estado chileno. En general la gente ya no cree en nada ni en nadie y no ve que existan diferencias entre las propuestas que le están presentando en las elecciones, por parte de los dos grandes oligopolios políticos de derecha, Alianza y Concertación.
El próximo 6 de noviembre se celebrarán elecciones en Estados Unidos. Estarán en disputa, además de la presidencia, 21 curules en el Senado, las 435 de la Cámara de Representantes, 13 gubernaturas (11 en estados y dos en territorios) y los congresos estatales y condales (municipales) en buena parte de los 50 estados del país vecino.