Cuando en pleno centro del Maipú setentero –no ese Maipú ultra poblado de hoy y con Metro en la plaza– el señor Wilfred Golborne atendía su ferretería “Real”, en 5 de Abril con Esquina Blanca, a metros del Banco Concepción, un poco más acá de la carnicería del Tato y la funeraria Pompeya, frente a la comisaría, jamás podría haber imaginado que su hijo menor, un estudiante del Instituto Nacional, algún día sacaría a relucir en el Salón de Honor del Congreso Nacional, su orgullo de ser hijo de un ferretero.


Los políticos parasitarios que mangonean en la copia feliz del edén parecen reñidos con la lengua castellana. Por ignorancia – razón que no habría que excluir a priori – o por mala fe. La diferencia que hay entre homicidio y asesinato no es asunto privativo de los abogados ni tema reservado a los jurisconsultos. Homicidio es el delito que se comete al acabar con la vida de una persona. Para calificar el delito de asesinato es necesario probar que hubo intención de matar, detalle no menor.
La mafia de los camioneros en huelga- cortando la vía publica-, exige a su régimen cesarista “mano dura” para exterminar a los “terroristas indios araucanos”. Es hora, que el poder castrense – las fuerzas armadas jamás vencidas- reserva moral de la sofofa y su arcadia chilensi con la anuencia del poder clerical procedan, es decir, actúen.
La orientación de la juventud para su elección de trabajo debe ser pensando y preparando las realidades futuras.
Después de días de incertidumbre de algunos sectores políticos oposicionistas venezolanos, y en especial de sectores trasnacionales e injerencistas, el TSJ (Tribunal Supremo de Justicia) se ha pronunciado, tal como lo obliga la constitución y nos ha hablado de lo evidente: el Presidente Chávez no sólo sigue siendo Presidente, sino que en respeto de la Constitución venezolana y por su condición de reelecto, existe una continuidad administrativa, lo que permite esperar que la causa sobrevenida (art. 231) pueda ser superada. Si esto no pasa, deberá ser la voluntad expresa y firme del mismo Presidente Chávez o del Gobierno bolivariano, a través de sus diversos poderes, quienes podrán solicitar la activación de los causales de falta temporal o absoluta expresados en los artículos 233 y 234 de la misma Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada en 1999.
El Estado chileno sigue liado con sus tres triunfos militares del siglo XIX: Perú, Bolivia y Arauco (o Wallmapu). La avidez por conseguir la condición de “país moderno y desarrollado”, anunciada desde los 90, poco se aviene con la incapacidad de superar los conflictos decimonónicos con sus vecinos del norte y con el pueblo mapuche del sur.
