A riesgo de repetirme como disco rayado, recuerdo que el neoliberalismo no es un sistema, sino una política, la política actual del capitalismo, y resultado del fracaso del capitalismo del bienestar social vagamente keynesiano, el cual es irrepetible y está muerto y enterrado. Pretender centrar los esfuerzos contra el neoliberalismo equivale a disparar contra la mera sombra del sistema. No hay capitalismos buenos: hay un régimen de explotación, opresión, racismo, colonialismo y guerras que hace de todo para sostener la tasa de ganancia de las grandes empresas financieras y monopolistas. Los capitalismos de Estado y las políticas asistenciales y distributivas del ingreso forman parte de ese sistema mundial y lo sostienen. La diferencia entre los gobiernos que son agentes directos del capital financiero y los que tratan de tener algún margen de maniobra es que éstos aplican algunas políticas que, defendiendo las ganancias de los capitalistas, deben tener en cuenta la necesidad de sostener el mercado y las ganancias con subsidios al consumo y a los servicios y de ceder algo a los movimientos sociales y a la protesta obrera, para evitar que se organicen en forma independiente. Los gobiernos nacionales y populares, sin embargo, no pertenecen a una categoría diferente: igual que los demás, aceptan el despojo salvaje de la gran minería y practican un extractivismo que destruye los bienes comunes (agua, bosques, tierras, minerales) y que contamina, como demuestra China. Ellos privilegian el crecimiento económico sobre el desarrollo humano, reducen al mínimo los derechos humanos y sociales y los márgenes de la democracia. No son populares y tampoco son nacionales.
Después de 23 años, parece muy improbable que la Constitución Política del país y el sistema electoral puedan ser sustituidos o reformados drásticamente a fin de consolidar una institucionalidad genuinamente democrática.

El 11 de enero, el presidente de Francia, François Hollande, envió tropas a Malí. En lo inmediato unas cuantas, pero después unas 3 mil 500, número considerable. El objetivo expresado era luchar contra los varios fundamentalistas islámicos que han tomado el control del norte de Malí. Fue lo que los franceses podrían llamar una gageure –término que deriva de gage, en el sentido de apuesta. Básicamente significa emprender algo muy difícil de lograr. Pienso que la mejor forma de traducirlo es como apuesta riesgosa, y en este caso diría que se trata de una apuesta muy riesgosa.
Las dos agrupaciones políticas gobernantes son una rotación alrededor de lo mismo. El conservadurismo chileno se mostró de manera brutal con militares trotando y gritando a coro en medio de veraneantes que matarán argentinos, fusilarán bolivianos y degollarán peruanos. Tres acciones que elementos de las fuerzas armadas realizaron con opositores revolucionarios.
La obra de José Ortega y Gasset adquiere actualidad en la actual crisis española que tiene todas las características de un país invertebrado. Desde mi infancia, me interesó y emocionó la épica de la república de los españoles.
1.- Salvador Allende: Tengo fe en Chile y su destino. El presidente Salvador Allende se dirige por última vez al país a las 9:10 AM del once de septiembre de 1973, lo hace a través de “Radio Magallanes” que sería bombardeada minutos más tarde. Como arrancadas de una tragedia griega, sus palabras pasarán a la historia tal y como las concibió Allende, es decir, como una “lección moral”: “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. . . ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!… “
Itacumbú, en 1962, fue el primer campamento de los cortadores de caña de azúcar (cañeros) en Bella Unión, departamento de Artigas, norte de Uruguay. El campamento fue, por un lado, un espacio de convivencia, debate y elaboración colectiva de respuestas de un grupo de cañeros ante el acoso policial y patronal que sufrían.
La idea pertenece a Patricio Navia. Una de las principales causas de muertes es el elevado colesterol, que según los médicos hay uno bueno y uno malo. En el caso del populismo se da la misma situación: hay que considerar que este surge siempre de la crisis de los sistemas políticos y de partidos.
