La primera vez que lleve a mis hijos a un cumpleaños en el cual el momento culmine era romper la piñata,- la figura de un ratón Mickey colgada en un árbol, y rellena de caramelos- y ver una decena de niños y niñas golpeándola con palos, y al caer los dulces, una rebatiña por tomar lo más que se pudiera, sin importar empujones, zancadillas y golpes, fue en pocas palabras la imposición de la ley del más fuerte. Sólo esa vez fueron a un cumpleaños de esas características.








