
…lo intentaba, miraba las llamas que consumían los cerros de nuestro querido Valparaíso, e intentaba ver más allá de lo que tenía enfrente de mis ojos, y en medio de esa espesa humareda negra, se me aparecía una y otra vez el cuerpo torturado de Marta Ugarte, el mismo que el mar devolviera, contra todo plan de sus captores. Algo les había salido mal, muy mal, porque el “valiente” soldado CNI, que al ver moribunda la prisionera en el helicóptero del ejército, la estranguló con el mismo alambre que había sido usado para atar su cuerpo a un riel, para que su cuerpo permaneciera para siempre en el fondo del mar y nadie excepto ellos y sus generales claro, supieran de su muerte, ni de sus brazos quebrados ni de su columna vertebral quebrada, ni de su hígado y bazo reventado a golpes, todo esto en vida, según lo demostró posteriormente la autopsia, pero el riel se soltó y el mar la llevó a la playa y la expuso a plena luz pública.
Sin disponer ya del instrumento de las sanciones económicas, el bloqueo paralizante, la desestabilización política, el poder fáctico dominante podría optar por la guerra fascista. Si ha construido un sofisticado ejército es para hacerla.

Polémica ha causado el anuncio de la presidenta Bachelet de que enviará al Parlamento un proyecto de ley que despenalice el aborto en casos de situaciones terapéuticas, violación o riesgo de vida de la madre. Polémica que no debería darse, porque en una República, realmente democrática, no deben existir leyes que sancionen decisiones personales respecto del aborto (agrego la eutanasia). Por el contrario, tienen que existir leyes que resguarden el derecho de las personas a decidir libremente en estos asuntos.




