
En marzo de 1991, el argentino Carlos Menem, el brasileño Fernando Collor de Mello, el paraguayo Andrés Rodríguez y el uruguayo Luis Alberto Lacalle Herrera, firmaron el Tratado de Asunción, documento que sirvió de base para la edificación del Mercado Común del Sur (Mercosur). En una primera etapa, la iniciativa compuesta por economías grandes y medianas, tuvo como motivación principal consolidar un espacio económico sudamericano con base en el regionalismo abierto. En una segunda etapa no obstante, las crisis brasileña (1998) y argentina (2001) evidenciaron los efectos perniciosos de la apertura indiscriminada del comercio y las cuentas de capital. Así, la debacle económica por un lado, favoreció el ascenso de gobiernos opuestos a las políticas del Consenso de Washington y por otro lado, llevó a la redefinición del papel del Estado en los procesos de integración de cara a los desafíos derivados de la mundialización capitalista en curso.
Hay mucho en juego en la marcha convocada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) para el 4 de septiembre de este año. Una primera cuestión, es que la multisindical y quienes la apoyan en este desafío, tiene que mostrar su capacidad de convocatoria y una multitudinaria participación, ya que, expresamente, se está llamando a que se respalden las reformas laborales que impulsa el gobierno y la Nueva Mayoría y se le envíe una señal al sector empresarial y a la derecha que desean postergar estas iniciativas o las relativizan.
El Foro de Sao Paulo (FSP), que agrupa a los partidos políticos de izquierda, progresistas y antineoliberales de América Latina y el Caribe (ALC) celebra esta semana en Bolivia su encuentro número 20. Tal vez el más importante de cuantos se hayan realizado, se produce en un momento signado por importantes avances de las fuerzas populares de la región y persistentes intentos de Estados Unidos para hacerlos retroceder.

Recién estuve en Lima, aprovechando mi pasar de jubilado por el INP y la cariñosa invitación de un gran amigo peruano al matrimonio de su única hija. Más que un amigo, un hermano.
Los asaltantes que se llevaron y guardan cautelosamente varios miles de millones de pesos desde el aeropuerto Arturo Merino, se merecen un OCHO. 
En las negociaciones para definir un nuevo sistema electoral ciertamente no prevalece en éstas el interés de propiciar un sistema proporcional de elección sino, más bien, el intento de consolidar un sistema híbrido, una especie de binominalismo corregido para elegir a los miembros del Poder Legislativo. Se acepta por muchos actores políticos que el proyecto patrocinado por el Gobierno en ningún caso busca la instauración de un sistema como el que rigió en Chile antes de la Dictadura y que ciertamente permitía que nuestro Parlamento fuera una expresión muy amplia de nuestra diversidad política. Hoy, el oficialismo y la oposición discuten, se interpelan y motejan en relación a esta iniciativa, pero en general lo que ambos prefieren es un sistema en que el duopolio político mantenga su preeminencia en el Parlamento, limitando la presencia de representantes que puedan incomodarlos o desafiar su hegemonía. Salvo, por cierto, si se avienen a integrarse a estos pactos, a conformarse con algunos cupos cedidos por los que se han enseñoreado en la política durante los últimos 25 años. Lo que indiscutiblemente explica, por ejemplo, la incorporación de los comunistas a la Nueva Mayoría oficialista.