Para que haya un corrupto -persona que manipula ilegalmente e ilícitamente los sistemas en beneficio propio y en perjuicio de la ciudadanía y la libre competencia- deben existir recursos accesibles: “Corruption to be or not to be”
Archivo periodístico 2005–2019
Para que haya un corrupto -persona que manipula ilegalmente e ilícitamente los sistemas en beneficio propio y en perjuicio de la ciudadanía y la libre competencia- deben existir recursos accesibles: “Corruption to be or not to be”
Costará tiempo para que a Rodrigo Peñailillo se le borre la pena que le significó saber que ya no será el legatario de la presidenta Bachelet.
Por sus obras les conoceréis, dicen que dijo un carpintero de Galilea hace dos mil años… pero, en este caso, las obras no ayudan al acusado

Intentar resolver la crisis político-institucional que vive el país mediante el reforzamiento del modelo neoliberal, factor fundamental que la genera, es tomar el rábano por las hojas. En vez de atacar la raíz de la crisis, que es la institucionalidad creada por el terrorismo de Estado y que se materializa en la Constitución Política, el gobierno prioriza medidas de reactivación de la economía. Esa opción consiste -en la práctica- en echarle más leña a la hoguera ya que estimula el principal motivo que la produce. Se atienden así las demandas del empresariado nacional y extranjero que exigen al Estado -como es habitual en el neoliberalismo- concurrir en auxilio del capital cuando se desgastan sus ciclos de expansión. Se ignoran, en cambio, las demandas del pueblo que exige democracia, igualdad, participación y honestidad en la política. Para esto sería indispensable mandar al basurero de la historia la Constitución Política que impuso la dictadura, de la que emanan las leyes e instituciones cuya ilegitimidad ha puesto al desnudo la corrupción de políticos del gobierno y la oposición.
Fray Camilo Henríquez volvió de improviso para agitar el ambiente político chileno. Su fantasma salió de las bibliotecas y recorrió los espacios públicos de debate. Para Matías Sagredo Zaldívar, el hecho no pasó desapercibido. El ex coordinador estudiantil por la AC, se percató que las ideas del padre de la prensa democrática fueron utilizadas el 21 de mayo pasado por los redactores del Mensaje y por la Presidenta para distorsionar la verdad histórica; con el fin de sustentar una propuesta de “cambios” a la constitución “sin la convocatoria de una Asamblea Constituyente separada del Congreso”, escribió Matías en elciudadano.cl. Por lo visto, todas las artimañas son buenas para no convocar el poder constituyente que radica en todo el pueblo ciudadano.

En el día de las elecciones municipales y autonómicas, el pasado domingo, se dio una gran visibilidad al número de regidores municipales y miembros de los parlamentos pertenecientes a partidos políticos, pero raramente se dio información acerca del número de votos a cada uno de estos partidos políticos, lo cual puede haber creado confusiones, consecuencia de la escasísima representatividad del sistema electoral español, uno de los menos representativos de nuestro entorno en la Unión Europea de los Quince, UE-15, el grupo de países de semejante nivel de desarrollo al español. Si miramos el número de votos, como indicador más próximo que tenemos para conocer los deseos de la población votante, vemos los siguientes datos que tienen una gran importancia, no solo para conocer el mandato popular, sino también para poder planificar estrategias para el futuro. Veámoslos.

El cambio de gabinete, junto con colocar a una tradicional figura de la Concertación en el ministerio del Interior, desplegó abiertas declaraciones que expresan el fin de las prometidas reformas y su reemplazo por los consensos. Si el gobierno intentó un cambio a partir de marzo del año pasado, lo concreto es que hoy ha capitulado. Los aplausos desde las cúpulas empresariales y los titulares del duopolio al nuevo hombre de Hacienda y a las regresivas alocuciones de los nuevos ministros del comité político son una palmaria confirmación que hemos vuelto a las políticas de la transición. La pauta la pone la derecha y el sector privado y desde La Moneda se ejecuta. Pese al drama político actual, el gobierno y la presidenta han optado por la clausura, el encierro, por cavar aún más profunda la brecha entre políticos y ciudadanos.

De siniestro operador político, a siniestro funcionario a cargo de la represión contra todo lo que se mueva y sea disonante con el orden, el subsecretario Aleuy se las arregla para contribuir con su granito de arena al proceso de desfonde del segundo e innecesario gobierno de Michelle Bachelet.

Todo es según el color del cristal con que se mira.
Ese viejo adagio ha venido a coincidir con el resultado de “el punto de vista” o de “la subjetividad” descubierta en los últimos respiros.

O la crónica de la muerte anunciada del duopolio PP-PSOE (ambos partidos apenas alcanzan juntos el 52%), aunque esta crónica bien podría llamarse, también, algo así como el (dramático) triunfo pírrico de la derecha española, porque en efecto eso fue lo que ocurrió: el PP ganó con un 27,03% -pese a toda el agua corrida bajo el puente- las elecciones municipales y autonómicas 2015, la séptima elección de este tipo que se verificada en 36 años de democracia, sobre un 25,02% del PSOE, su más próximo rival. Parafraseando a Bertolt Brecht, “llegados a este punto no sería mejor disolver al pueblo y elegir otro”, la verdad es que todo depende de cómo miremos el vaso, si medio vacío o medio lleno. En efecto, pues esta pírrica victoria “popular”, en la práctica, representa la pérdida de casi la totalidad de las mayorías absolutas que ostentaba en sus grandes feudos y capitales provinciales hasta el pasado domingo, cerca de dos millones y medio de votos, más de 20 años de mayoría absoluta y unos 3.500 concejales menos en todo el territorio nacional.