
Chile está pasando el peor momento desde que en marzo de 1990 las Fuerzas Armadas les pasaran la administración del país a los civiles. Se debe dejar constancia que en aquel pacto, que es negado sistemáticamente, quedó claro que nada de lo construido por el régimen militar/civil, sufriría alteraciones que puedan provocar cambios sustanciales al diseño de la UDI/FFAA: construir bajo el poder de las armas. En ningún país del mundo refundarlo como sucedió en Chile hubiera sido posible. El actual modelo de acumulación y de distribución de la ganancia fue posible con el asesinato, las desapariciones y la tortura.
Camilo Catrillanca fue asesinado de un balazo en la nuca por Carabineros, como matan los cobardes. Murió intentando proteger a un joven mapuche, como mueren los valientes. En Temucuicui fue, territorio militarizado por el Comando Jungla, donde no hay jungla, enviado por el Estado chileno. Pero la represión no es nueva en la comunidad. No es fácil llegar. En el aire se palpa la tensión y la desconfianza hacia los wingka. Sin embargo, a fines del 2004, una vez más nos adentramos por las laderas de Temucuicui en medio del calor estival. En una pequeña loma, cansados los pies por la tierra seca y agrietada, divisamos la casita de madera de los Catrillanca. Ahí parada en la puerta de su casa nos esperaba Teresa, la madre de Camilo, Paulina y Newen. Nos saludó sonriente, con aquella proverbial hospitalidad mapuche, con todo el tiempo del mundo para nosotros a pesar de la desgarradora situación que vivían.
Preocupante la situación por la que atraviesa Chile en estos momentos. Una vez más, está en tela de juicio el rol que juegan las Fuerzas Armadas (FF AA) en un país que se pretende democrático, y con tantas ínfulas. Preocupante, porque en una democracia el monopolio de las armas lo tienen, precisamente, sólo ellas, con la absoluta exclusión de cualesquiera otras instituciones del Estado o sectores sociales. 

Carabinero dio muerte a un joven mapuche. Camilo Catrillanca. Iba en un tractor con un adolescente por un camino estrecho a la luz del día desarmado, el policía le disparó al menos cinco balas que perforaron el acero y otra que dio en su cabeza por la espalda. Odio. Después se torturó al testigo y se rompió la memoria de la cámara.
Mucho se ha estado hablando, y con razón, respecto al accionar paramilitar del Comando Jungla, cuerpo especializado al parecer en Colombia, en estrategias represivas y que terminó con la muerte de un joven comunero mapuche que iba desarmado, sobre un tractor y en compañía de un niño. Por cierto, continuando prácticas heredadas del régimen dictatorial cívico-militar, encabezado por A. Pinochet, la policía uniformada dio una versión falsa de los hechos.
Brazos no había hablado con su primo Negro Pálido, que tenía tan cerca a pesar de tenerlo prohibido, desde la nota “diplomática” de Macron que lo había dejado para adentro. No hablaba con nadie ni pedía extradiciones. Pero no pudo hacerse el leso y lo enfrentó.
