
Intentando escribir algo acerca del affaire Michelle Bachelet – Qué Pasa me he dado cuenta que prácticamente todas las aristas del bullado atado periodístico – presidencial han sido abordadas por numerosos autores que han dejado muy poco para el resto. Aunque falta por ver el momento en que Michelle, la ciudadana, la vecina, cometa su último o desaguisado y se retracte.


Hace tanto tiempo que estamos en el mundo tan habituados a la guerra permanente, que no nos ocupamos de las muchas con las que hemos vivido; todo ocurre como si viviéramos en una isla inexpugnable en la que los abundantes conflictos internacionales no tuvieran ningún impacto sobre nosotros.
Señor Ingeniero, a la sazón Presidente de algunos argentinos, deseo expresarle que luego de escucharlo pronunciar el discurso conmemorativo del Día del Ejército Argentino, me hizo llorar, se me caían las lágrimas y no podía parar hasta que respiré hondo y tomé fuerzas para continuar con mis tareas del día.
Recientemente la Presidenta Bachelet ha interpuesto una querella por injurias contra la Revista Qué Pasa por una publicación que la involucró en una noticia que resultó ser falsa sobre su participación en la solicitud de un crédito para su nuera. El caso ha suscitado una fuerte controversia en la que han intervenido Premios Nacionales de Periodismo importantes figuras de los medios y la academia. 
Existe, lo vemos todos los días, está enraizada en los patrones de crianza, en el sistema patriarcal, en los factores socioculturales: la violencia contra las mujeres es real y también se acepta algo como natural en nuestra sociedad misógina y machista. Para la violencia de género no existen fronteras territoriales ni distinción de clase social, color, credo y grado de escolaridad. Es imperceptible debido a que es solapada.