
El actual contexto neoliberal está siendo devastador para las clases trabajadoras, que ven sus salarios disminuyendo, sus derechos precarizando, sus libertades limitando y las promesas de ascenso social frustradas tras la privatización agresiva de los servicios públicos, sobre todo en los países desarrollados (Chile ya lo experimentó durante la dictadura militar de Pinochet y los gobiernos de la Concertación).



Y los decés apenas se juntan para un pequeño acto recordatorio, como si fuera el caso del presidente del sindicato o de la Junta de vecinos
La tortura es una deuda no reparada por el Estado, cuyo trauma siempre acompañará a las víctimas. Según estudios, se hereda a futuras generaciones en el inconsciente personal y colectivo. A casi cinco décadas de ocurridos los hechos, el Estado adolece de políticas públicas realmente reparativas. No reconoce al sujeto social que ha sido víctima directa de la tortura, del trauma y el daño.
“Damas y caballeros: estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros”.
Uno de los mayores fiascos de nuestra política exterior se consumó durante el gobierno de Ricardo Lagos, cuando éste reconoció apresuradamente como presidente de Venezuela a un golpista que no alcanzó a consumar del todo su rebelión en contra del comandante Hugo Chávez. Pero como el ser humano suele tropezarse varias veces con las mismas piedras, ahora Sebastián Piñera ha incurrido en el mismo despropósito al reconocer como mandatario de este país a un aventurero de apellido Guaidó, al mismo tiempo que declarar al gobierno de Nicolás Maduro como ilegítimo.