A los militares les está prohibido por la Constitución actuar en política. Pero en los hechos, cuando se les ocurre o conviene, entregan sus opiniones, tercian en la discusión y asumen posiciones políticas, sin que se les mueva una charretera. Los ministros del área, genuflexos y temblorosos, asegurarán que no es así las veces que sea necesario. La presidenta, también de la familia militar, hará como si nada y el mundo seguirá andando. Un mecanismo usado, como se ha visto tantas veces, es que los generales entreguen sus opiniones políticas, agresivas e insolentes, escondidos detrás de sus generales en retiro, como una manera de pasar como si nada. Jamás en lo que va de posdictadura los militares han dejado de meter sus opiniones, así sea que contraríen su propia Constitución. Y las autoridades políticas han dejado hacer, ya sea por miedo o por complacencia.
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