¡¡¡Mitos… mitos… mitos!!! , contradice, muy molesto, a su interlocutor luego de escuchar unos juicios (u opiniones) que considera falsos, sólo explicables por la ignorancia de quien lo dice, o bien de unas creencias, tantas veces repetidas, que parecen verdades no cualesquieras, sino de esas incontrovertibles, inmutables.
Magallanes está paralizado y aislado del resto del país, por un movimiento social que ya muchos catalogan como el más importante acontecido en el país desde la llamada “Revolución Pingüina”. Tomando de sorpresa al Gobierno Central, esta movilización ha reunido distintos sectores políticos, económicos y sociales que no siempre han estado de acuerdo, pero que hoy se enfrentan a un desafío común: revertir la ya decretada Alza del Gas.
Desenfrenados parranderos, los magallánicos han demostrado -con dos mujeres muertas- que están dispuestos a todo para seguir con la gran jarana del gas. Y los numerosos órganos de seguridad del Estado, capaces de interceptar simultáneamente 300 mil llamadas telefónicas para defendernos del terrorismo que azota al país, tenían al momento de escribir esto enormes dificultades para descubrir quien es el propietario de la camioneta que arrolló a las mujeres.
Hemos dicho y repetido que vivimos en una institucionalidad delicuescente, que se caracteriza por ser impermeable a la sociedad real. Impuesta en dictadura y consolidada por la Concertación, la única relación que tienen la Constitución y el sistema electoral con el Chile real es que sirven de mordaza.
Los diarios han mutado de mediadores de la realidad en falsos creadores de realidad. No canalizan información; la modelan, la elaboran. Son las grandes maquinarias elaboradoras de los contenidos necesarios para el reforzamiento del statu quo, de un sistema que se expresa en los campos económico, político, social y cultural.
Ya lo sabes, Luli, Alemania contamina y luego sufre. Ayer crucé la frontera hacia Alemania y me fui directo al supermercado. Allá o acá los estantes llenos de huevos. “Nadie compra la contaminación”, me dice una alemana.
La ley castiga como delito intervenir subrepticiamente en la memoria de un computador ajeno. El sistema en cambio se da como objetivo permanente manipular y ocultar la memoria histórica personal. Los sujetos en el poder eligen la contradicción porque saben que sin conocer lo sucedido a los antepasados no se puede castigar las injusticias masivas que les cometieron ni se tiene la comprensión social necesaria para levantar un proyecto democrático de cambio.
Lo que ocurre con la Universidad Austral y su vínculo con la Empresa Forestal y Celulosa Arauco-Celco del Holding COPEC del multimillonario Angelini, uno de los principales responsables de crisis sociales y de contaminaciones ambientales en Chile, hace pensar sobre el rol que están cumpliendo las Universidades y el desarraigo que tienen con la responsabilidad y compromiso social, con el medio ambiente, con el bien común y colectivo, sometiéndose a los intereses de depredadores grupos.