Que una sola persona pueda elegir dos senadores en dos regiones diferentes, según su gusto personal y/o compromisos varios –no en la urna, sino en la intimidad de su escritorio, como hizo el presidente de la UDI Juan Antonio Coloma, al “timbrar” a la ex vocera Ena von Baer y al ahora ex diputado Alejandro García-Huidobro como reemplazantes de los nuevos ministros Pablo Longueira y Andrés Chadwick–, más que un debate para un par de semanas, debería causarnos mucho más que vergüenza cívica. En rigor, debería impulsarnos a apagar la luz y cerrar la puerta por fuera, es decir, deberíamos ejercer nuestro derecho a la apostasía política, y renunciar al manoseado “derecho a voto”; sin embargo, es imposible borrarse de los registros electorales, estamos condenados a morir inscritos allí, como en el Registro Civil. Nos guste o no.
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