El 1% de los dueños de los Estados Unidos, los ricos, han usurpado el nombre de América –dado al continente americano por el cartógrafo Martín Waldseemüller, al publicar su mapa, en 1507, en homenaje a Américo Vespucio-, en forma irreflexiva y reiterativa. Este plagio constituye una distorsión geográfica, histórica, política y social…
Días pasados fuimos testigos, a la distancia, de un hecho de gran significación: el intercambio de prisioneros entre el Estado de Israel y Hamas. Por un lado, el soldado israelí Guilad Shalit -cautivo desde 2006, cuando fue atrapado en una emboscada- y por otro lado, 1027 prisioneros palestinos, detenidos en cárceles israelíes, algunos desde hace mucho tiempo.
Fotógrafos, camarógrafos y muchos asistentes observan entre risitas nerviosas, exclamaciones de admiración y comentarios en voz baja la performance del taller Azul Violeta que intenta ponerse a la cabeza de la marcha con un grupo de extraterrestres que van mostrando, curiosamente, atractivos bustos desnudos de mujeres terrícolas con sus cuerpos pintados.
Todos la piden y la anhelan, gobierno y oposición, clase política y ciudadanía, ultras y moderados; todos reclaman la necesidad urgente de alcanzarla, unos garantizándola constitucionalmente, a través de la provisión obligatoria del Estado y otros señalando que da lo mismo quien la entregue, lo importante sería que finalmente se concrete, por vía pública o vía privada, con o sin lucro. El problema es que nadie la define, y a lo menos resulta curioso que todos busquen casi frenéticamente algo que no se sabe bien qué es.
Con estupor e incredulidad he leído la columna de opinión MODERACIÓN, del historiador Alfredo Jocelyn-Holt, publicada en el Diario
El quiebre de la mesa de diálogo entre los estudiantes y el gobierno se produjo porque estos últimos, al ir a la esencia de la crisis, han exigido una reforma tributaria que permitiría la distribución del ingreso. En términos simples, los jóvenes piden que los ricos y las grandes empresas paguen impuestos y que estos se orienten hacia el bien común.
Esta era una vez y otra vez. Esta era otra vez y este vez. La otra vez un joven revolucionario. Este vez un viejo reaccionario. La otra vez un técnico para nacionalizar el cobre. Este vez un técnico para desnacionalizar la economía chilena. La otra vez, con Allende. Este vez, con Luksic.
Siente los primeros mareos, pesadez de cabeza y todos los sentidos se le avivan. Unos compañeros lo sujetan con fuerza, pareciera que su cuerpo y alma quisieran salir volando. Ha tomado unos sorbos del cocimiento –del conocimiento– de la ayahuasca.
A menos de un año de las próximas elecciones presidenciales estadunidenses el panorama se ve bastante complejo, no sólo para los que allí viven sino también para el resto del mundo.
¿En qué se reconoce un país “atrasado”? Fácil.