Por un lado, la primera semana se recuerda la terrible “Semana Trágica” de 1919, momento en que se produjo un verdadero pogrom en los barrios porteños de parte de los “niños bien” organizados en una de las primeras bandas parapoliciales: la Liga Patriótica Argentina. Obreros y judíos fueron perseguidos con saña por el solo hecho de serlo. El saldo fueron centenares de muertos, bibliotecas, periódicos y sindicatos destruidos, comercios asaltados, personas golpeadas y humilladas, todo bajo la “vista gorda” de las autoridades de entonces.
Continúa escalando la represión policial contra el pueblo mapuche. Esta vez -¡otra vez!- mediante la amenaza de utilizar la Ley Antiterrorista, cuyos mecanismos de control y amedrentamiento de la población se están aplicando en La Araucanía. El gobierno de la derecha -tal como antes hicieron los gobiernos de la Concertación y, sobre todo, la dictadura militar-, emplea recursos y métodos propios del terrorismo de Estado para encarar un problema sociocultural e histórico que persiste y que se agrava sin solución.
La iniciativa de la ley SOPA (Stop Online Piracy Act), que el legislador republicano Larner Smith presentó al Senado estadunidense hace ya meses, ha causado la reacción más predecible que se auguraba: una auténtica revuelta en la red digital contra quienes pretenden convertir al Internet en un supermercado del más ancestral (y hoy discutible) derecho a la propiedad intelectual, el copyright.
Carlos Larraín e Ignacio Walker son los viudos de verano de este año. Los infieles masculinos tienen una especie de instinto suicida que los lleva, en la mayoría de los casos, a dejar huella de sus infidelidades – un pasaje, una carta, una boleta de cine, en los bolsillos del pantalón o de la chaqueta o, los más modernos, un correo electrónico, un mensaje de texto u otro producto más desarrollado de la cibernética –.
La lucha armada fue en un momento de la historia de Latinoamérica, el medio que los revolucionarios esgrimían como vía para llegar al poder después que la Revolución Cubana probó que el método era efectivo, legítimo, ético y necesario.
“Lo que hay que explicar a la gente es que la violencia ‘incontrolada’ tiene un sentido que no es la expresión de una voluntad de desorden sino de la aspiración a un orden diferente. Tomemos el caso de los estudiantes, puesto que son ellos quienes han desencadenado el movimiento. ¿Qué es lo que quieren? Se responde: un ‘poder estudiantil’. Decir eso es no decir nada mientras no se ha tratado de definir su posición en
Los cambios que se están proponiendo y la declaración entre la DC y RN tienen su verdadero e inmediato origen en la movilización estudiantil del 2011 en la cual los partidos políticos estuvieron ausentes. Debe sumarse a eso que las encuestas sucesivas demuestran la desafección de la población con la política, los partidos políticos y con los parlamentarios.
Sólo la mitad de la ciudadanía aprueba su gestión al mando del Ministerio del Interior. Eso al menos dicen las últimas encuestas, que sitúan a Rodrigo Hinzpeter en la medianía de una tabla que ubica a su jefe, el presidente Sebastián Piñera, con un rechazo del 60 por ciento.
Monsieur Guefelstein, mi profe de Termodinámica en el Centro de Estudios Superiores Industriales de París, siempre iniciaba sus clases con la misma frase: “En el estado actual de nuestros conocimientos…” Con esa frase Guelf, como le llamábamos familiarmente, nos decía que no existe ninguna verdad trascendente, absoluta, definitiva, inmutable.
Parece que la única salida para el futuro político de La Concertación y supuestamente para Chile fuera la repostulación de Michelle Bachelet como candidata a presidenta de la República. Curiosamente, es tan aguda la crisis política, que esta perspectiva resulta alentadora tanto para la derecha gobernante, como para su propia coalición, la Concertación de partidos por la Democracia.