La muerte de Daniel Zamudio, tras una larga y angustiosa agonía, impactó en los chilenos. No sólo por el dramatismo de su muerte, sino por el hecho de que fue protagonizada por cuatro individuos que representan un gran defecto que aún perdura en los hombres: la intolerancia.
Los intereses en dirección a una nueva guerra mundial son imparables. Los magnates capitalistas de diferentes países luchan por incrementar su lucro y arrastran a sus pueblos que esperan recibir una parte de la conquista. Lo único que puede detenerlos es otra guerra fría de equilibrio militar.
En los días recién pasados, el Ejército de Chile ha llevado a cabo el “Primer Consejo Militar”, en el cual ha tratado los temas atingentes a la institución así como los objetivos de ésta en el presente nacional durante todo este año.
Han pasado veintisiete años y todos los veintinueve de marzo, como un luctuoso ritual escribo sobre Rafael y Eduardo. Su muerte como la del Pato Sobarzo, Jecar Neghme, el querido “turco”, Tamara y tantos compañeros y compañeras no puede ser olvidada.
España vive las consecuencias de un estilo de desarrollo transnacional al cual se integró de manera dependiente y subordinada. El llamado milagro español de los años 60 fue una quimera, su expansión se apoyó en el turismo, la banca, las remesas que proporcionó la emigración durante la dictadura franquista, y la construcción, sector conocido como “el ladrillo”.
Si fuera por lo que dicen las leyes, el paraíso terrenal quedaría entre Copiapó y Temuco.Sería como creer que lo que dice
La actual situación de Chile se puede comprender en el contexto de dos variables fundamentales: la Ideología de la Seguridad Nacional y la economía de mercado. Esta última no se habría podido implementar sin la aniquilación previa del “enemigo interno”, lo cual ha sido garantizado por las FFAA, garantía que ha continuado a través de la policía militarizada de Carabineros.
El “sentido común” -santo patrono de la política chilena- ha conseguido ahogar en su cuna los más hermosos sueños de nuestro pueblo. En los hechos ha impuesto antivalores como la hipocresía y la doctrina del acomodo y el conformismo, la adopción del camino fácil y el pragmatismo como virtudes ciudadanas. En conjunto, han arrasado con la ética en política, reduciéndola al regateo de cargos públicos y prebendas. Por eso, cuando aparecen líderes del pueblo, como Iván Fuentes, el profeta que vino de Aysén, que hablan con la verdad sencilla, directa y franca, el país se conmociona. No está acostumbrado a oir el lenguaje sin artificios de los humildes.
La ideología hegemónica capitalista salvaje globalizada que impone Estados Unidos a sus adláteres, en su modelo de sociedad colonial de colonos- tipo Puerto Rico-, la peor forma de imperialismo, según Noam Chomsky, se basa en dos principios: el providencialismo, dios lo quiere así, está de dios, como si existiera dios, Éste permitiría las matanzas de víctimas inocentes en Palestina, Irak, Libia, Siria, Afganistán, etc, y que cada minuto muera un niño de hambre en el mundo.
Hace pocos días el General Director de Carabineros se refería al despliegue de sus hombres en Aysén como si se tratara de una guerra contra el más feroz enemigo y no una cobarde incursión contra un pueblo que sólo se defendió con lo que tiene a mano: piedras, palos y mucho valor.