Gobierno y oposición se unen ante violencia de origen mapuche. Comuneros mapuche exigen perdón ante violencia histórica del Estado chileno. Sobre el problema de fondo, “mejor no meterse”. Cuántos más Luschinger-Mackay y Lemuy para que el Estado chileno reconozca su fracaso de someter al pueblo mapuche desde hace un siglo y medio.

De tumbo en tumbo el gobierno de Piñera se ha visto impelido a realizar algún tipo de autocrítica, pero siempre acotada al ámbito comunicacional. Por supuesto en ese campo todo se reduce a una dificultad para dar a entender una política y una gestión que se siguen afirmando como correctas.

Quedó claro en la cumbre indígena del cerro Ñielol en Temuco, este miércoles 16 de enero. Los winkas no tienen nada que enseñarle a la dirigencia mapuche.
No pocos chilenos creen que los Mapuche no deben ser en ningún caso apoyados legal o materialmente sobre el común de los chilenos.
Tres tiranos, Diego Portales, Arturo Alessandri Palma y Augusto Pinochet Ugarte, han impuesto las Constituciones de 1833, 1925 y 1980, respectivamente, por la fuerza de la bayoneta: en la primera, Portales fue apoyado por el general O´higginista Joaquín Prieto; en la segunda, Arturo Alessandri se impuso gracias al golpe sobre la mesa del inspector del ejército Mariano Navarrete; la tercera, fue promulgada por Pinochet, bajo la inspiración de Jaime Guzmán Errázuriz. En los tres casos existió una alianza cívico-militar que despreciaba la soberanía popular.
Pocas veces se ha advertido la tremenda responsabilidad de los civiles en el golpe de estado de 1973. La dictadura chilena, finalmente, tuvo en carácter cívico – militar. Si bien Augusto Pinochet fue el rostro visible de la conspiración para instalar en nuestro país una atroz dictadura que costó miles de torturados y asesinados, se olvida que hubo muchos políticos de derechas que prepararon el camino y, más tarde, sirvieron como sostenedores y funcionarios del régimen. Basta examinar la prensa de la época para constatar que prominentes políticos de la CODE, la alianza de la derecha integrada por el Partido Nacional y la Democracia Cristiana, llamaban abiertamente a la intervención militar.
